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domingo, 28 de diciembre de 2025

Frankenstein, ¿quién es el verdadero monstruo?

 


Guillermo del Toro firma la enésima versión de la obra mítica de Mary Shelley, Frankenstein, bajo la producción de Netflix. La película está estructurada en tres actos: prólogo, El cuento de Víctor y el cuento de la criatura. De este modo, nos presenta cómo creador y criatura cuentan cada uno su versión de la historia al capitán de un barco encallado en el hielo. A través de sus relatos encontramos temas de fondo muy interesantes como la ambición desmedida, la obsesión, la falta de escrúpulos o la búsqueda de identidad, de saber cuál es nuestro lugar en el mundo y cómo encajar en él.

La película goza de un espléndido diseño de producción y de vestuario que crea una atmósfera gótica, propia de Del Toro, totalmente absorbente, que envuelve al espectador en esta historia de terror llena de matices. Es una lástima que Netflix haya hecho un estreno limitado en cines, lo suficiente para poder optar a los Óscar, y la llevara directamente a streaming, porque desde luego, esa estética y esa atmósfera son dignas de disfrutarse en pantalla grande.

Aunque lo que predomina es el tono romántico y existencialista, no deja de tener algunos detalles un poco gore, que podrían ser evitables, en algunas escenas. No obstante, es una gran película realizada a la antigua usanza, con efectos prácticos, decorados físicos, maquillaje, y la inclusión de algunos CGI (imágenes generadas por ordenador) que no son lo último en tecnología, pero cumplen eficazmente su función.

El elenco está encabezado por Oscar Isaac, conocido especialmente por su papel de Poe Dameron en los episodios VII, VIII y IX de Star Wars, que ya había destacado antes en Las dos caras de enero o como villano en Robin Hood. Le secunda el gran descubrimiento de Tarantino, Christoph Waltz, en el papel del mecenas que financia la investigación del doctor Frankenstein.  Jacob Elordi, habitual en otras producciones de Netflix, encarna a la criatura y Mia Goth da vida a Elisabeth. También cabe destacar la presencia de Charles Dance, al que muchos recordamos como villano de El chico de oro y de El último gran héroe, en el rol del padre de Víctor.

Frankenstein es, por tanto, una película gótica, existencialista, romántica, filmada con gran devoción por el autor de títulos como Hellboy, La forma del agua, Blade II, o El laberinto del fauno. Posiblemente, la mejor, o de las mejores películas de Guillermo del Toro.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Worth, el valor de una vida humana

 

Otra mirada sobre el 11-S


Se han hecho películas sobre la tragedia del 11-S, como World Trade Center, que contaba varias historias de víctimas del atentado de las Torres Gemelas, o United 93, que cuenta la angustiosa experiencia de los pasajeros que iban a bordo de uno de los aviones que se estrellaron. En 2020 se estrenaba en Estados Unidos, en España en 2021, la película Worth, que nos ofrece un punto de vista diferente de la tragedia, el de gestión de los fondos de compensación para las víctimas.

Me parece interesante porque es un punto de vista que no se suele mostrar. Resulta siempre más cinematográfico recrear la catástrofe con efectos especiales. Pero en Worth las emociones están a flor de piel. Casi nadie está contento con la indemnización que le toca y es muy complicado elaborar un sistema de reparto de las indemnizaciones que sea justo y que ponga de acuerdo a la mayoría de las personas, porque claro, para cada uno, la vida de su ser querido fallecido no tiene precio. Y en caliente, cuando ha ocurrido la tragedia, y además una que ha dejado en «shock» a tanta gente, es muy complicado, por no decir imposible, que le gente pueda afrontar esta situación con objetividad. Una película muy interesante para el debate donde vemos de todo, los tiburones de las líneas aéreas, los bomberos que han actuado para salvar gente, los trabajadores de las Torres Gemelas, todos tienen sus historias, circunstancias, intereses y emociones.

Para lidiar con una situación tan compleja, se contó con el abogado Kenneth Feinberg, interpretado en la película espléndidamente por Michael Keaton. Le secundan Stanley Tucci y Amy Ryan. El filme es de los mismos productores de Spotlight  y es el tercer largometraje de su directora, Sara Colangelo.

domingo, 6 de marzo de 2022

West side story, el doble reto de Steven Spielberg

 


Carta de amor de Spielberg al séptimo arte


West side story es un musical de Broadway estrenado en 1957 que fue adaptado a la gran pantalla por Robert Wise en 1961, convirtiéndose en uno de  los grandes títulos de la historia del cine y con diez Óscars ganados. En 2021, sesenta años después, Steven Spielberg nos ha traído una nueva versión y es impresionante. La fuerza de la música y las coreografías siguen intactas. En este caso ha contado con el director Gustavo Dudamel para conducir la orquesta.

El reto para Spielberg era doble, ya que era su primera vez haciendo un «remake» y también su primera vez dirigiendo un musical, con el plus añadido de volver a mostrar una película mítica cuya sombra es muy, muy alargada. Pero el avezado Spielberg ha salido airoso y con nota de esta aventura. ¿Alguien lo dudaba? Además de su más que demostrado talento, también contaba con tres claves fuertes para llevar el proyecto a buen puerto. En primer lugar, no era estrictamente un «remake» del filme de 1961, ya que se basó más en el musical original de 1957. El segundo elemento es que aunque no hubiera dirigido antes un musical, había hecho ya sus pinitos con un número musical al más puro estilo de los clásicos Hollywood en los créditos iniciales de Indiana Jones y el templo maldito. Y en tercer lugar, y más importante, está el componente emocional, ya que West side story es su musical favorito desde niño, tenía el disco en casa, se conocía todas las canciones y le ha dedicado la película a su padre.

La trama del filme es una versión moderna de la tragedia de Romeo y Julieta, puesta en el West Side de Nueva York a finales de los años 50, donde dos bandas callejeras de jóvenes, los Sharks puertorriqueños y los Jets estadounidenses, se pelean por el territorio. En este ambiente, el amor surge entre uno de los Jets y la hermana del líder de los Sharks. Es una historia de amor, odio, venganza, pasión, en un marco de conflictos raciales, xenófobos y familiares, con el mensaje implícito de que la violencia no es el camino idóneo para resolver los problemas. Y todo ello aderezado por increíbles coreografias al son de la partitura compuesta por Leonard Bernstein.

En la nueva versión nos encontramos con un elemento interesante que da otro toque dramático, y es el de situarnos en un barrio que está siendo demolido para construir el actual Lincoln Center para las Artes Escénicas, cuyas obras tuvieron lugar entre 1955 y 1962. Nada más empezar, la película nos mete de lleno en este contexto con un impactante plano secuencia que sobrevuela la zona en proceso de demolición. Este hecho le confiere a la historia un halo crepuscular con un escenario donde los protagonistas son los últimos integrantes de un universo que agoniza, un modo de vida que está a punto de desaparecer bajo los escombros.

Los actores son obviamente todos muy jóvenes, y forman un elenco multirracial de cantantes y bailarines, donde el que más experiencia tiene como actor es el protagonista que encarna a Tony, Ansel Elgort, a quien hemos podido ver en Baby driver, Bajo la misma lluvia o en la saga Divergente. Eso en cuanto a los jóvenes, porque naturalmente hay actores más veteranos en otros roles entre los que destaca, como una muy grata sorpresa para el espectador fan de la película original, la mismísima Rita Moreno, que encarnaba a Anita en 1961 y que ahora, a sus 90 años, se mete en la piel de Valentina, la viuda de Doc, el protector de Tony, siendo ella la que se encarga del muchacho.

La película está nominada a siete Óscar, entre ellos, el de mejor película y mejor director, así que ya veremos qué pasa el próximo 28 de marzo en la gala de los Premios de la Academia.

sábado, 9 de mayo de 2020

La pandemia en el cine, más allá de lo evidente

En los tiempos que estamos viviendo es inevitable revisitar y comentar películas como Estallido, Contagio, El origen del planeta de los simios, y tantas otras que tratan sobre distintos virus que atacan a la humanidad. Pero la crisis que estamos viviendo en la realidad tiene un alcance mucho más allá de la mera enfermedad, ya que estamos ante un cambio de paradigma, un mundo nuevo. Hay un punto de inflexión entre nuestra vida antes y después del Coronavirus.

En un mundo globalizado en el que la movilidad de la gente, los negocios, el turismo, las marcas comerciales, un mundo en el que puedes encontrar cualquier cosa en todas partes del globo, también las enfermedades se igualan en todo el planeta. El mundo es un lugar hostil, y moverse por él sin apenas restricciones como si se tratase de un parque temático, es obvio que tarde o temprano acabaría pasando factura, porque todo en esta vida tiene dos caras, no todo es fiesta y diversión, y ahora, tras muchos años de prácticas absurdas que desafían el sentido común, como que fabricar algo a 10.000 kilómetros de distancia te salga más barato que encargárselo a la empresa de la nave de al lado, o que el Himalaya no sea solo territorio de escaladores, sino que se convierta en una atracción de turismo masivo, o que un teléfono último modelo con garantía de dos años se quede obsoleto en seis meses, en fin, todo este tipo de cosas son indicativos de que algo no se estaba haciendo bien.

Ahora el Coronavirus lo ha cambiado todo. Una sociedad global que no hacía más que crecer a una velocidad excesivamente rápida, ante el frenazo en seco que ha supuesto la pandemia para la economía mundial por las medidas de confinamiento de la población y el cierre de fronteras entre países, el impacto es tremendo. Cuanto más rápido vas en un un coche, más brutal es el impacto en caso de accidente, y eso es lo que le está pasando a la economía con esta situación. En solo dos meses, los PIB de los países han tenido caídas históricas. El virus ha puesto el contador a cero y toca empezar de nuevo con nuevos hábitos, nuevas formas de relacionarse, de hacer negocios, de hacer vida social. Debemos convivir con el virus y seguir adelante. En este cambio de mundo muchos han perdido la vida, y los supervivientes han perdido la inocencia.

En el cine, las películas que mejor han mostrado un cambio tan drástico, en mi opinión, son las que han ilustrado realmente el antes y el después de una catástrofe, más que las que se recrean en la catástrofe en sí. Hay muchas pero aquí traigo como ejemplo dos filmes realizados en distintas décadas, pero que tienen en común que ambas son de época, es decir, que recreaban hechos del pasado, ambas duran más de tres horas y ambas han sido multioscarizadas.

1. Lo que el viento se llevó (1939). Comienza mostrando el modo de vida sureño del siglo XIX en Estados Unidos para luego pasar a los horrores de la guerra y finalmente a cómo han evolucionado los personajes que sobrevivieron a la contienda. Precisamente el título hace alusión a ese mundo que existió y dejó de existir. La Guerra de Secesión enfrentó a una nación, el norte contra el sur, y nada volvería a ser como antes. Todo aquel pasado se lo llevó el viento.

2. Titanic (1997). La metáfora perfecta. La reducción del mundo al microcosmos de un barco que choca con un iceberg y se hunde, cuando todo el mundo pensaba que era insumergible. "Es de hierro, señor, le aseguro que puede hundirse", le decía el ingeniero al armador, el cual cegado por la ambición decidió forzar la máquina, literalmente hablando. Una hora y media en que se nos muestra la representación social de una época, con sus diferencias de clases sociales, y sus conflictos personales. Y otra hora y media, quizá un poco más, en que todo aquel crisol de pasajeros, representantes de una sociedad de un momento determinado, se hundió en el mar, amenizado por la música de la orquesta del barco. Y las vidas de los supervivientes cambiaron para siempre.

sábado, 29 de septiembre de 2018

La inmensidad del océano

El optimismo, el entusiasmo, la pasión, la confianza en uno mismo, son virtudes necesarias para sacar adelante cualquier proyecto y alcanzar hitos que dejen a los demás con la boca abierta. Las grandes hazañas de la humanidad suelen estar protagonizadas por personas desbordantes de esas cualidades. Sin embargo, aunque sea muy bonito pensar que haciendo las cosas con el corazón en la mano todo es posible, también es cierto que del mismo modo es necesario el conocimiento, la experiencia, si no, la pasión y el entusiasmo nos pueden llevar a que la proeza se nos vaya de las manos. Por tanto, para llevar grandes proyectos a buen puerto conviene hacerlo con un buen equilibrio entre emoción y razón.

Podríamos decir que ese es el tema tratado en Un océano entre nosotros (The mercy), una producción británica dirigida por James Marsh, director de La teoría del todo, y protagonizada por los siempre eficientes Colin Firth y Rachel Weisz. El filme es un «biopic», o película biográfica, sobre el aventurero británico enamorado del mar Donald Crowhurst, quien se aventuró a participar en 1968 en una regata alrededor del mundo en un velero, en solitario y sin hacer paradas.

Correcto ritmo narrativo y adecuada ambientación para este interesante relato, en el que predomina el tono dramático sobre la aventura épica. Resulta muy agradable de ver y se presta al debate tras su visitando, debido a los temas nombrados al inicio de esta reseña.

sábado, 11 de abril de 2015

Eastwood y Cooper dan en el blanco

Clint Eastwood no defrauda. Su última película, El francotirador (American sniper) vuelve a ser otra muestra de su maestría adquirida con la experiencia. Su estilo narrativo directo y equilibrado es ya marca personal más que reconocible. No se recrea en lo sórdido pero tampoco da concesiones a suavizar las cosas. Cuenta y expone las situaciones con una naturalidad pasmosa. Los tiroteos están filmados con garra, tensión y efectividad pero sin acrobacias ni florituras de cámara.

Se trata de la biografía de Chris Kyle, el francotirador más letal de la historia de Estados Unidos por el número de bajas confirmadas que obtuvo en muy poco tiempo. Un Seal de Texas que desde niño ha tenido muy arraigado el instinto de protección, y con ese ánimo se enfrentaba en el campo de batalla a las difíciles disyuntivas en que se encuentra cada vez que debe abatir un objetivo para proteger a sus compañeros que van en primera línea de fuego. Del mismo modo se muestra de manera muy directa y clara la degradación psicológica a la que se ve sometido tras cada nueva misión. Participó en cuatro despliegues en Irak, y cada vez que volvía a casa el enganche al estrés de la guerra y la incapacidad de desconexión lastran su vida vida civil y personal.

Bradley Cooper encarna este personaje con gran convicción. Tanto que obtuvo una merecida nominación a los Oscar. Transmite muy bien el torbellino emocional al que se ve sometido, y eso que no es tarea fácil, ya que es un registro parco y recio. Es una de esas interpretaciones que debe transmitir mucho sin apenas recursos expresivos, ya que la personalidad del rol no se presta al histrionismo. También es de justicia alabar a su compañera de reparto Sienna Miller, en la piel de la sufrida esposa del protagonista, que hace una interpretación sólida, creíble y auténtica.

El relato se sostiene sobre un guión muy bien estructurado, adaptado por Jason Hall a partir del libro escrito por el propio Kyle junto a otros dos autores. La historia está contada con un tono más cercano al western que a la hazaña bélica, y funciona como tiro, nunca mejor dicho. Un western ambientado en la guerra de Irak, que por ello estéticamente trae ecos de otras películas recientes desarrolladas en esta contienda como En tierra hostil o Green Zone, pero con el estilo narrativo inconfundible de Clint Eastwood.

domingo, 8 de marzo de 2015

Irlanda, tierra hostil

Un sacerdote católico en una localidad rural de Irlanda recibe en el confesionario a un individuo que amenaza con matarle al domingo siguiente. Así comienza Calvary, segundo largometraje escrito y dirigido por John Michael McDonagh tras El irlandés.

El director y guionista muestra sin concesiones el lado más oscuro de la sociedad de un pequeño pueblo irlandés, en apariencia pacífico e idílico, que en realidad está plagado de almas desgarradas, mediocridad, traumas, violencia psicológica, envidias y libertinaje. Una emponzoñada atmósfera social que contrasta con la belleza natural de sus agrestes paisajes dominados por una espectacular playa ideal para surfistas y las verdes montañas bajo el cielo gris.

En medio de este caótico panorama el cura protagonista pulula por las calles del pueblo durante una semana enfrentándose no sólo a los prejuicios de los demás contra él sino también a sus propios fantasmas, a su pasado, sabiendo que uno de sus feligreses quiere acabar con él. Una especie de Solo ante el peligro donde la estrella de latón se sustituye por una sotana, la cobardía por anticlericalismo, y un pueblo americano del siglo XIX por otro irlandés del siglo XXI.

Protagoniza Brendan Gleeson con una soberbia interpretación que carga con todo el peso de la historia. La realización es espléndida, con unos encuadres que retratan la sobriedad de la vida del protagonista o la volatilidad y fragilidad de otros personajes. También destaca el uso que hace de los primeros planos, así como el tono afable que adopta, de manera que el film en sí no resulta desagradable a la vista a pesar de lo sórdidos que resultan la mayoría de los personajes. McDonagh acierta en un difícil equilibrio de tono para que la película resulte agradable de ver sin ocultar la oscuridad que nos quiere mostrar. Del mismo modo el montaje goza de un ritmo idóneo para el relato, ni muy lento ni muy acelerado. Se mantiene el interés en todo momento.

Por tanto nos encontramos ante un thriller mezclado con retrato de sociedad rural, y aderezado con algunas pinceladas de humor negro que oxigenan el ambiente de vez en cuando. Una película que pone sobre el tapete temas controvertidos como la pederastia, el suicidio, la corrupción financiera o los malos tratos, y da mucho juego para entablar un debate sobre la naturaleza humana, la trascendencia y el sentido de la Fe. Este elevado contenido se ve amparado por un tratamiento cinematográfico sólido basado en contundentes interpretaciones, especialmente la de Brendan Gleeson, y un hábil uso de planos y encuadres por parte de su director

lunes, 27 de mayo de 2013

Las fiestas del señor Gatsby


Podcast (versión audio de este artículo):


La mítica novela de Scott Fitzgerald, paradigma de la desenfrenada vida en los locos años 20, El gran Gatsby, vuelve a la gran pantalla de la mano del director australiano Baz Luhrman, artífice de Moulin Rouge. Ahora en vez de París nos encontramos en Nueva york, donde se vuelven a mezclar los estilos musicales de forma anacrónica pero efectiva, y la cámara se mueve más moderadamente, algo que en el fondo se agradece. Las fusiones de jazz con hip hop y música electrónica confieren a la película una atmósfera muy interesante, convirtiendo las fiestas organizadas por Gatsby en un pelotazo de adrenalina, en combinación con el recargado diseño de producción, muy en la línea de su director.

Protagonizan Leonardo di Caprio, Tobey Maguire y Carey Mulligan. Leo está muy bien en su papel como casi siempre, muy alejado de su imagen de sádico terrateniente en la reciente Django desencadenado, Tobey muy en su línea, a veces tiene gestos de Peter Parker, o sea Spiderman, y a Carey Mulligan, la revelación An education, la podemos ver aquí en un papel más glamouroso que sus últimos roles en Drive y Shame. Completan el reparto Elisabeth Debicki en su segundo largometraje tras debutar con Una boda de muerte, y Joel Edgerton, que estuvo el año pasado en el reparto de La noche más oscura.

El apasionado y obsesivo romance de Gatsby y Daisy narrado por Nick Carroway, primo de ella y vecino de él, sirve de base para un nuevo espectáculo excesivo, pasional y colorista de gran poder visual y acústico de Baz Luhrman. La ambientación de la película es poderosa y todo está cuidado al detalle: los escenarios, el vestuario, la fotografía, la música… Lo que sí es cierto es que dura más de dos horas y se nota. No aburre pero uno sale del cine con la sensación de haber visto una película larga.

En definitiva me ha gustado. Es una gozada visual y musical. Desde luego dan ganas de ir a una de esas fiestas. ¿Le sobra quizá algo de metraje? Es posible, pero no es ni mucho menos una barrera infranqueable para disfrutar de un buen espectáculo en pantalla grande.

Artículo relacionado: Luhrman y Fitzgerald, una combinación prometedora

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sábado, 23 de marzo de 2013

El teatro de la vida

Podcast (versión audio de este artículo): Ir a descargar

El mundo es muy amplio pero subjetivamente no lo parece. Cada persona vive en un círculo social determinado que compone un microuniverso particular marcado por una serie de personas y situaciones con las que uno interactúa para bien o para mal. Esto lo aplica literalmente Joe Wright en su nueva película Anna Karenina, enésima versión del clásico literario de Tolstoi, en la que utiliza un viejo teatro para recrear la conocida tragedia de una mujer insatisfecha con su matrimonio que destroza su vida en aras de una pasión desbocada. Toda la acción que ocurre en el ambiente aristocrático de la protagonista se mueve entre los distintos rincones del desvencijado teatro. Los palacios, el hipódromo, la estación de tren, todo cabe en algún lugar del edificio: en el escenario, en la platea, en los palcos, en la tramoya… Sin embargo cuando la historia se traslada al campo, fuera de la gran ciudad, el espectador puede disfrutar de unos magníficos exteriores cuidadosamente fotografiados para no romper con la tonalidad de los interiores que ocupan la mayor parte del metraje.

El estilo experimental del director de Hanna o El solista alcanza sus más altas cotas en esta cinta con un virtuoso manejo de los movimientos de cámara combinados con hábiles cambios de escenografía perfectamente coreografiados. Todo un alarde técnico que confiere a la película un aspecto muy original, tanto que al principio cuesta entrar en ese universo tan peculiar que nos plantea Joe Wright.

Una propuesta tan arriesgada en la parte técnica contrasta con unos personajes y unas interpretaciones bastante correctas pero insuficientes para transmitir el grado de emoción esperado. Al conjunto le convendría un poco más de garra, de delirio, unos diálogos más extremados y unas actuaciones más en la línea de Moulin Rouge de Baz Luhrman. Por ese punto de energía que le falta resulta algo frío el resultado final del film, sin desmerecer el gran mérito de su autor en busca de ofrecer algo nuevo al público.

Las imágenes van acompañadas de una deliciosa partitura de Dario Marianelli que envuelve las imágenes para crear la atmósfera adecuada. Un compositor de cuyo estilo pudimos disfrutar recientemente en El cuarteto.

En versiones anteriores han prestado su rostro a Anna Karenina actrices como Greta Garbo, Vivien Leigh o Sophie Marceau. En esta ocasión ha sido Keira Knightly, que ya trabajó con el director en Orgullo y prejuicio y Expiación. Le acompañan Jude Law y Aaron Taylor-Johnson en los roles de marido y amante respectivamente.

Una película arriesgada en su propuesta, algo irregular en su ejecución, pero en general muy meritoria, que fue galardonada en los Oscar con el premio a Mejor Vestuario.


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jueves, 4 de agosto de 2011

Veranos de película


Las actividades y lugares propios de época estival, son escenarios tan válidos como cualquier otro para desarrollar historias y tramas interesantes que den lugar a películas de diversos géneros. Por ejemplo, en 1987 causó furor entre los adolescentes Dirty dancing, de Emile Ardolino, que enmarca la acción durante los años 60 y trata sobre una chica de clase alta que va a pasar el verano a un campamento con sus padres y se enamora del profesor de baile. Un romance a ritmo de mambo que convirtió a Patrick Swayze en todo un ídolo.

El clásico de David Lean Locuras de verano (Summertime, 1955) nos brindaba a una excelente Katherine Hepburn de vacaciones en Venecia, en una película llena de romance y glamour. También la ciudad de los canales bajo el sol abrasador puede ser escenario de tragedias, como nos mostró Luchino Visconti en la densa y amarga Muerte en Venecia (Death in Venice, 1971), en la que un elegante resort puede ser escenario del más dramático desenlace. También en un exclusivo hotel mediterráneo se desarrolla Muerte bajo el sol (Evil under the sun, Guy Hamilton, 1982), esta vez en las islas griegas, donde el famoso detective Hercule Poirot, creado por Agatha Christie e interpretado para la ocasión por un sensacional Peter Ustinov, debe resolver un crimen producido en tan idílico lugar entre gente distinguida. A pesar de ser un thriller con un asesinato como eje central de la trama, la cinta tiene un tono muy fresco y glamuroso aderezado por estupendos temas musicales de Cole Porter.


Y finalmente no podía faltar el título que aterrorizó a todos los bañistas: Tiburón (Jaws, 1975). El gran Steven Spielberg, acompañado por una inolvidable partitura de John Wiliams, metió el miedo en el cuerpo a muchos veraneantes con este sensacional thriller sobre un gran tiburón blanco que acecha bajo el agua en la costa de la localidad de Amity. El jefe de policía Brody, encarnado por Roy Scheider, debe velar por la seguridad de los turistas frente a las presiones políticas que le impiden cerrar las playas, pues causaría grandes pérdidas económicas al pueblo. Le acompañan para dar caza al temible escualo un veterano cazador de tiburones y un científico experto en estos peces, personajes encarnados por Robert Shaw y Richard Dreyfuss respectivamente. El trío protagonista consigue darle una entidad muy sólida al conjunto, ya que los personajes están muy bien trazados, contrastan mucho entre sí y la química entre los actores es excelente.

Las altas temperaturas veraniegas afectan sin duda al comportamiento de la gente, normalmente para bien, pero no siempre, y el Séptimo Arte puede reflejarlo en todas sus facetas. Risas, amor, muerte, todo es posible en verano y en el cine.

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sábado, 5 de marzo de 2011

El sueño se convierte en pesadilla


Espléndida interpretación de Natalie Portman en Cisne negro (Black swan, Darren Aronofsky, 2010). El director recrea una atmósfera muy absorbente que resulta en todo momento inquietante, para contarnos cómo una joven bailarina obsesionada con la perfección de su trabajo, vive una intensa y turbulenta experiencia ante la presión que le supone el hecho de protagonizar el ballet de El lago de los cisnes. Debe interpretar tanto al cisne blanco como al negro. Con el primero no tiene problema pero el segundo es el que le más le cuesta y su afán obsesivo por ser capaz de hacerlo de un modo perfecto le empieza a dar problemas.

El tono de la película es oscuro emocionalmente, y se plasma en imágenes con una textura muy particular de fotografía degradada y predominio de tonos blancos y negros. Este contrastado arco cromático combinado con los movimientos de cámara, le confieren al film una estética electrizante y envolvente.

De la misma forma que Watchmen ofrecía una visión muy primaria y oscura de la naturaleza humana y del mundo de los superhéroes, Cisne negro nos ofrece el lado más sórdido y siniestro del arte, concretamente del mundo de la danza. Sin embargo no resulta negativa en el sentido de que no trata de juzgar a un colectivo ni generalizar unos comportamientos, sino que se centra en el caso concreto de la protagonista. Tanto es así que la película resulta muy psicológica, ya que desde el primer fotograma al último todo se ve según el prisma subjetivo del personaje. Nos adentramos en una mente convulsa y problemática a través de Natalie Portman igual que hicimos con Leonardo Di Caprio en Shutter island y Origen.

En definitiva se trata de una película muy intensa, no apta para todos los gustos, con un trabajo muy meritorio de Natalie Portman, que le ha valido un Oscar, en un registro muy alejado de su imagen en la saga de Star Wars. Un ejemplo de que la perfección sólo existe en los sueños, que si se persiguen de forma obsesiva, se pueden convertir en pesadillas.

Leer critica Cisne negro (black swan) en Muchocine.net

jueves, 24 de febrero de 2011

Difícil decisión


Un grupo de monjes franceses del monte Atlas, en Argelia, fueron asesinados por fundamentalistas islamistas en el año 1996. El director Xavier Beauvois nos cuenta estos hechos en su aclamada película De dioses y hombres (Des hommes et des dieux, 2010). La vida en el monasterio bajo la constante incertidumbre de si serán o no atacados por los violentos extremistas que están aterrorizando al país, es la situación que mueve a los personajes a debatirse continuamente entre irse o quedarse, un dilema moral entre el miedo, la Fe y el deber.

El planteamiento del monasterio sitiado por una amenaza que se cierne sobre sus ocupantes, remite en cierto modo a algunos westerns, en los que un grupo de resistentes soportan la el asedio de los atacantes, ya sean indios, ejércitos enemigos o forajidos, en un fuerte, como en El Álamo (John Wayne, 1960) que en realidad era una antigua misión española, o en la comisaría de un sheriff como en Río Bravo (Howard Hawks, 1959).

Una historia de coraje, amistad y compromiso, con un elenco de actores excepcional, de interpretaciones muy contenidas que transmiten mucha emoción, entre los que destacan Lambert Wilson en el rol del abad y Michael Londsdale como el médico del lugar, que son los rostros más conocidos. Sin embargo también cabe citar a Olivier Rabourdin y a Jacques Herlin, el más veterano con cierto aire de sabio maestro que resulta muy entrañable. El trazado de los personajes es impecable. En ellos se reflejan las paradojas del ser humano. Aquel que físicamente parece más fuerte resulta más afectado psicológicamente ante la presión, y otro que está más achacoso por fuera denota más templanza para afrontar la situación. Una escena sublime, musicalizada con El lago de los cisnes de Tchaikovsky, consigue la total empatía del espectador con el destino de los personajes.

El film transcurre con un ritmo pausado y reflexivo, como la vida de los monjes, fotografiada con una iluminación muy sobria y naturalista. La única pega que se le puede poner es que dure dos horas, ya que se le podrían reducir diez o quince minutos de metraje y no pasaría absolutamente nada.

En definitiva una estupenda película, de enorme valor humano, que denota un gran respeto del director hacia los monjes, la historia que cuenta y el público que la está viendo.

Leer critica De dioses y hombres (des hommes et des dieux) en Muchocine.net

domingo, 23 de enero de 2011

El turbio pasado


En Canadá muere una mujer de origen libanés. Sus hijos acuden a ver al notario para leer el testamento y se encuentran con una extraña petición de su madre: deben encontrar a su padre, al que creían muerto, y a un hermano que hasta ahora no sabían que existía. Esta misión les llevará al Líbano a investigar el turbio pasado de su madre, sobre el cual ella siempre guardó silencio. Este es el punto de partida de Incendies (Denis Villeneuve, 2010), producción canadiense que plantea un potente drama familiar de ecos shakesperianos con la guerra civil libanesa como telón de fondo.

Siguiendo el ejemplo de Ciudadano Kane, la película está narrada en dos tiempos: la historia en la actualidad de los hermanos investigando, y el pasado de su madre puesto en imágenes que se va construyendo a base de flashbacks a lo largo del metraje. Todo ello con un ritmo narrativo pausado muy lineal sin altibajos, algo que resulta positivo y negativo a la vez. Es bueno en el sentido que el misterio se va desgranando poco a poco, la información que se va dando al espectador está muy bien dosificada para mantener el interés en todo momento. Por otra parte tiene el inconveniente de que cuando se van descubriendo puntos claves de la trama la escena no alcanza el clímax emocional que quizá debiera tener precisamente porque no se detecta un cambio de ritmo, y esto hace que el conjunto globalmente puede resultar algo frío. Es como una persona poco expresiva que te cuenta un chiste igual que te da el pésame, todo con el mismo tono.

Por otra parte los actores están todos muy convincentes en sus respectivos papeles, especialmente la protagonista Lubna Azabal. La fotografía es muy sobria y también muy constante, al igual que el ritmo. La música sin embargo sí que ayuda a crear en algún momento un cambio emocional. También es de agradecer que en algunos momentos en que otros directores se habrían recreado en detalles escabrosos, éste haya recurrido a las elipsis para no mostrar escenas desagradables.

En general una buena película, con una historia un tanto rocambolesca, bien interpretada y bien dosificada en su narración.

Sensacine ha invitado a sus colaboradores y seguidores a un pase privado de la película que se estrenará en cines el próximo 11 de marzo.

Leer critica Incendies (incendies) en Muchocine.net

viernes, 8 de octubre de 2010

Sociedad enferma


En 1986 el periodista franco-iraní Freidourne Sajebhan se dirigía hacia la frontera cuando su coche se estropeó en una remota aldea. Mientras se lo reparan una mujer se acerca al forastero para contarle los trágicos sucesos que ocurrieron allí mismo el día anterior: la lapidación de una mujer acusada injustamente de adulterio. Esta es la historia verídica que nos muestra la sobrecogedora película La verdad de Soraya M (The stoning of Soraya M, Cyrus Nowrasteh 2008), basada en el best seller homónimo publicado en 1994 por el citado periodista.

La película es un gran flashback, que empieza en la mañana siguiente a la lapidación cuando Freidourne llega al pueblo, y en cuanto la mujer comienza su relato se narra linealmente cómo se urdió la trama que acabó con la vida de Soraya. Se muestra una sociedad enferma, que ante un complot perpetrado por los poderosos del lugar en aras de satisfacer sus intereses a cualquier precio, se dejan arrastrar por la acusación vertida sin pararse a pensar si es cierto o no, unos por miedo a represalias, otros simplemente por no pensar en ello. La maldad, el odio, la mezquindad, la cobardía, el fanatismo, son algunos de los rasgos predominantes en los habitantes de aquel pueblo. Una sociedad enferma como tantas otras, con el agravante de que en ese país existen leyes tan brutales como la pena capital por lapidación. En Europa las sociedades caciquiles y sus abusos también se han llevado al cine, como por ejemplo los excesos de un cacique en un pueblo al norte de España a principios del siglo XX en Luz de domingo, o la traumática infancia de unos niños alemanes en una emponzoñada sociedad en La cinta blanca. Sin embargo la barbarie mostrada en La verdad de Soraya M es algo que sigue ocurriendo hoy en día, en pleno siglo XXI, en algunos lugares del planeta.

El film es duro, y concretamente la escena de la lapidación se alarga demasiado en su metraje. Vale que quieran mostrar la crudeza del asunto, pero aun así considero que se recrean gratuitamente en dicha secuencia. El resto de la película tiene un ritmo narrativo muy bueno y un trazado de personajes de gran calado. Destaca la interpretación de la actriz Shohreh Aghdashloo en el papel de Zahra, la tía de la víctima, que es quien desvela al forastero la verdad de los hechos para que cuente al mundo la podredumbre que allí se cuece. Es una mujer de gran coraje espléndidamente interpretado por una actriz que llena la pantalla con su presencia. Por otra parte Jim Caviezel da vida al periodista, un papel que sale poco en imagen pero que es crucial en la historia. La música, muy evocadora y melancólica, ayuda a resaltar las ya de por sí emocionantes interpretaciones de los actores. En resumidas cuentas una película muy potente cuyo clímax se puede ver empañado por un regodeo excesivo en el momento más sangriento de la tragedia.

La película está distribuida en España por European Dreams Factory y Festival Films, y fue presentada en Madrid el pasado 5 de octubre. La premier contó con la presencia de la cantante Cristina del Valle, en representación de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la violencia de género, y con la intervención estelar de Jim Caviezel, que habló sobre sus inicios como actor y su compromiso con este tipo de películas.

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martes, 10 de febrero de 2009

Torbellino emocional


Once años después de Titanic (James Cameron, 1997) Leonardo di Caprio y Kate Winslet vuelven a formar pareja en la gran pantalla, esta vez a las órdenes de Sam Mendes en Revolutionary Road (2008), un intenso drama sobre la tormentosa relación de un joven matrimonio en los años 50 en el que tras la imagen de pareja perfecta, que ven sus vecinos, se esconde un abismo de traumas personales que hacen de la convivencia un auténtico infierno. Ella es una aspirante a actriz fracasada que no ha sido capaz de superar el fracaso, y él tiene un trabajo que detesta pero con el que mantiene a su familia.

Sam Mendes da una vuelta más de tuerca a esa temática con la que se estrenó como director en American beauty (1999) sobre la hipocresía social y el lado oscuro que se esconde bajo una imagen de supuesta perfección y bienestar social. A mí personalmente me ha gustado más Revolutionary road que American beauty, creo que está más conseguida.

Los dos protagonistas están espléndidos, brillan con luz propia. Entre los secundarios cabe destacar a la siempre interesante Kathy Bates en el papel de la "simpática" vecina. La dirección de actores es muy buena y los diálogos impecables, lo cual es muy importante ya que la película avanza básicamente a golpe de diálogo y no se hace pesada. Todo lo que dicen es interesante. Son diálogos poderosos, que atrapan, y por supuesto son transmitidos por un trabajo actoral de primera categoría. La puesta en escena de Mendes para recrear la época es de una pulcritud abrumadora.

Es una película dura pero real como la vida misma. Ninguno de los personajes es perfecto, todos tienen debilidades, miedos y traumas. Quizá el más negativo es el de Kate Winslet, que vive sumida en su fracaso. Leonardo di Caprio encarna a un hombre que ha sacrificado el conocerse a sí mismo por acomodarse a un trabajo que le permita mantener a su familia pero que no le satisface en absoluto. A eso se le suma el tener que soportar el mal genio de su mujer y sucumbe a la tentación del adulterio como vía de escape a ese vacío que le producen tanto su trabajo como su hogar. Moralmente ninguno de los personajes está exento de culpas. Lo que creo que nos puede enseñar esta película es que el egoísmo y la falta de respeto nos llevan a la autodestrucción, lo cual es una reflexión interesante especialmente en estos tiempos en que se vive frenéticamente y se tiende a actuar sin pensar ni sentir porque no da tiempo. Sin embargo a veces es necesario tomarse un respiro para recapacitar sobre lo que sentimos y pensar con claridad sobre nuestro presente, buscando su origen en el pasado y encaminarlo con buen criterio hacia el futuro.

martes, 20 de enero de 2009

Redención extrema


Un hombre que vive consumido por un insoportable sentimiento de culpa, decide acabar con su vida no sin antes ayudar a siete personas anónimas para redimirse de su falta. Este es el argumento de Siete almas (Seven pounds, Gabrielle Muccino, 2008) cuyo director vuelve a dirigir a Will Smith tras la exitosa En busca de la felicidad (The Pursuit of happyness, 2006).

Siete almas es un potente drama, con tratamiento visual de cámara en mano y fotografía entre realista e hiperrealista para lograr un efecto de ser obra testimonial de su tiempo y ahondar en dramas humanos de la sociedad actual, similar a otras películas como Crash (Paul Haggis, 2004) o Amores perros (Alejandro González Iñárritu, 2000), pero con la diferencia de que en este caso no se trata de historias paralelas que se acaban entrecruzando sino que todas las historias son provocadas e hiladas por la acción del protagonista. Es difícil hablar de todo el contenido de la película sin contar cosas importantes. Durante el film se van viendo una serie de situaciones con cierta tensión dramática y el aliciente de descubrir la explicación a muchas cosas que no se desvelan de buenas a primeras. Sin embargo el tercio final de la película es una explosión emocional impresionante. Se aconseja que quien tenga tendencia a llorar en el cine vaya a verla con una buena provisión de pañuelos.

Will Smith demuestra una vez más que es un gran actor dramático, está omnipresente en toda la película y en todo momento está a la altura de las circunstancias, llevando el peso del protagonismo con gran soltura. Sin embargo me ha sorprendido muy gratamente la gran presencia en pantalla de Rosario Dawson, vista en Sin City (Robert Rodríguez, 2005) o Death Proof (Quentin Tarantino, 2007). No sólo tiene presencia sino que además transmite mucho con la mirada. Tiene un par de momentos en la película, que no debo desvelar aquí, que son emoción en estado puro. Los demás actores cumplen correctamente sin más, incluído Woody Harrelson.

El tema de la redención en esta película se lleva a lo más extremo ya que lo habitual es que alguien que se siente culpable por algo viva continuamente atormentado y en un momento de la vida se encuentra con una situación en la que una decisión valiente, o un sacrificio por alguien, le ayuda a redimirse. La cuestión es que en el caso de Siete almas el protagonista busca, decide y planifica su propia redención. Esta forma de plantear las cosas, que va un poco contra natura, hace que el punto de partida e incluso algunas situaciones al principio de la película, mientras no están todas las cartas sobre el tapete, puedan resultar algo artificiosas e incluso forzadas. Sin embargo la fuerte carga emocional del desenlace da sentido a toda la película y hace que uno salga del cine con la sensación de haber visto algo muy emotivo y más real de lo que parecía en un principio. La propia película al final se redime de su inicio.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Autocracia


La Ola (Die Welle, Dennis Gansel 2008) es una impactante película alemana sobre el peligro que conlleva una sociedad tan desmembrada y caótica como la actual a nivel global en los países más desarrollados, en los que se ha impuesto la ley del "todo vale", los principios morales brillan por su ausencia y el individualismo egoísta y materialista campa a sus anchas. Este tipo de situación en la que los jóvenes carecen de metas e ilusiones es el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de regímenes totalitarios como fueron a mediados del siglo XX el Fascismo, el Nazismo o el Comunismo Soviético.

La película trata de un profesor muy carismático y algo vanguardista en sus métodos de enseñanza, que debe dirigir durante una semana un proyecto sobre la Autocracia, régimen político que consiste en que un colectivo puede gobernarse a sí mismo basándose en la unidad, disciplina e identidad del grupo, que llevado al extremo es el origen de las dictaduras. Ante la pregunta de si sería posible que en pleno siglo XXI resurgiesen los totalitarismos, los adolescentes opinan que eso es imposible, que está más que superado, así que el profesor les propone un ejercicio práctico en que ellos formarán un grupo con un nombre, un logo, un uniforme, una web, etc. Pronto los problemas de desarraigo familiar y exclusión social que tienen la mayoría de ellos hará que su devoción a su grupo La Ola sea total, y que el experimento que debía ser un mero ejercicio académico se le escape de las manos al profesor.

El contenido es muy interesante y está impecablemente narrado. Los acontecimientos se suceden en un plazo de una semana y los personajes experimentan una evolución enorme en muy poco tiempo, lo cual hace que la narración tenga un ritmo muy acelerado. Además son varios personajes, cada uno con sus problemas familiares o de adaptación social, y todo está desarrollado en menos de dos horas de metraje, lo cual hace que cada plano aporte algo a la historia; todo lo que se cuenta es interesante, así que para el espectador la película se pasa en un suspiro. La película es muy directa en sus propuestas y en su desarrollo.

Todos los actores están correctos en sus papeles, pero destaca especialmente Jürgen Vogel en el papel del profesor Rainer Wenger, que aporta el carisma necesario al personaje.

Las consecuencias de llevar al extremo lo que empieza como un juego se mostró hace unos años en El club de lo Poetas Muertos (Dead Poets Society, Peter Weir 1989), en la que un profesor poco ortodoxo, interpretado por Robin Williams, enseña literatura a sus alumnos y les inspira, les habla del club de los Poetas Muertos como un grupo que se reúne para leer a los grandes poetas y sublimar sus almas a través de la poesía. Si bien el punto de partida es muy diferente al de La Ola, finalmente ambas historias convergen al producirse un cambio drástico de personalidad en los alumnos por su excesiva implicación en un grupo, devoción desmedida que tiene su origen en la incompresión que sufren en sus hogares, en el vacío que tienen por sentirse ignorados y la búsqueda consciente o inconsciente de su propia identidad.

La conclusión positiva que se puede extraer es que pertenecer a un grupo es muy interesante para ayudar a los demás y ser ayudado, para la disciplina, la lealtad al grupo, todo eso son valores muy positivos pero lo que no se puede hacer es perder la identidad propia. Los extremos no son buenos, ni individualismo atroz ni el corporativismo exacerbado, lo ideal es encontrar el equilibrio entre ambas posiciones. Hay una faceta individualista que se debe mantener para evitar ser totalmente absorbido por un grupo que en un momento determinado puede fallar y hay que saber verlo con objetividad para no dejarse arrastrar por el lado oscuro.

domingo, 28 de octubre de 2007

Cassandra's point

Siguiendo la estela de intriga en clave de tragedia dejada por Match Point (2005), vuelve Woody Allen con El sueño de Cassandra (Cassandra's dream, 2007). El escenario vuelve a ser Londres y nuevamente trata temas tan interesantes como la ambición desbocada, las casualidades de la vida y los dilemas morales. Ewan McGregor está a la altura de las circunstancias y Colin Farrell debo admitir que está por encima de lo cabía esperar.
La historia trata de dos hermanos que compran un barco llamado Cassandra's dream y a partir de ahí sus vidas empiezan a cambiar. Por distintos motivos ambos se encuentran endeudados y recurren a su tío millonario para que les eche una mano. Pero el favor les va a salir muy caro.
El bien y el mal, el sentido de culpa, la ambición, el saber o no saber donde se encuentra el límite de nuestras acciones, todo esto nos cuenta con pulso firme el señor Allen que introduce al espectador en una vertiginosa espiral de intriga.
Hay algunos comentarios que afirman que Cassandra's dream no está a la altura de Match point. Creo que Match point ha tenido mayor repercusión porque supuso un giro en el estilo de Woody Allen y esto sorprendió gratamente a todos. El factor sorpresa es importante y Cassandra's dream no cuenta con él porque ya tiene un antecedente, pero considero que analizando objetivamente ambas películas sin tener en cuenta el factor sorpresa, las dos están a la misma altura.
Un aplauso para el señor Allen.