A veces ocurre, o al menos a mí me pasa, que vemos una película en un momento determinado con unos actores que más o menos son conocidos y otros que no, pero que con el tiempo esos desconocidos se convierten en estrellas, pero uno no los relaciona con aquella película que vio. Y cuando años después la vuelves a ver, dices: anda, pero si está este y el otro, y trabajaron juntos, que no se me había pasado por la cabeza que estos dos trabajaran juntos alguna vez.
Pues esto me ha pasado con Motín a bordo, de Roger Donaldson. La recordaba como la versión moderna del clásico Rebelión a bordo de Lewis Milestone con Marlon Brando de protagonista, que a su vez era remake de otra película de 1935 protagonizada por Clark Gable. A día de hoy, esta versión de los años 80 también se puede considerar clásica, ya que mucho se habla de los clásicos ochenteros, y en honor a la verdad, creo que ha envejecido bastante bien. La música hipnótica de Vangelis, la fuerza en la mirada de sus intérpretes, los contraluces del barco en altamar al atardecer, el ritmo narrativo, en fin, hay muchos elementos que funcionan perfectamente en la actualidad. Creo que hay películas más modernas que han envejecido peor, y sin embargo, no es una película que haya gozado de grandes elogios de la crítica o del público, así como otras que se han convertido en películas de culto. Tampoco ha sido denostada, es cierto, simplemente ha pasado sin pena ni gloria y creo que es un título a reivindicar hoy en día por eso, porque realmente el tiempo pone las cosas en su sitio y considero que ha envejecido bastante bien.
El motín en el barco The Bounty es una historia real aunque ha sido dramatizado en varias versiones tanto en la literatura como en el cine. En esta versión, el núcleo de la trama está en al amotinamiento de la tripulación liderado por el primer oficial, y amigo personal del capitán, ante la conducta tiránica de este, pero ambos personajes tienen luces y sombras. No es uno superbueno y el otro supermalo, los dos tienen sus razones y sus circunstancias, y el director no se posiciona, nos expone los hechos, lo cual invita al debate tras el visionado de la película.
Pero volvamos al punto con el que iniciamos el post, los rostros conocidos, que no lo eran tanto en aquel momento. Protagonizan Anthony Hopkins y Mel Gibson. Hopkins era conocido por títulos como un puente lejano o El hombre elefante, pero no tenía el estatus de gran estrella, que le llegaría en los años 90 a raíz de su Óscar por El silencio de los corderos. Gibson era conocido en ese momento por la saga Mad Max, que le lanzó a la fama, aunque su consagración como estrella hipercotizada le llegaría tres años más tarde, en el 87, gracias a Arma letal. Pero ahora viene lo bueno, los secundarios que en aquel momento no eran conocidos y se convirtieron en estrellas en los años 90: Daniel Day-Lewis y Liam Neeson. Day-Lewis ganó el Óscar a mejor actor por Mi pie izquierdo y a partir de ahí se convirtió en estrella gracias a títulos como En el nombre del padre, El último mohicano o La edad de la inocencia. Por su parte, Neeson, fue aclamado por la crítica en Sospechoso (1987), protagonizó Darkman (1990) y finalmente fue nominado al Óscar a mejor actor por La lista de Schindler. A partir de ahí se convirtió en estrella con títulos como Rob Roy, Michael Collins o Star Wars: Episodio I: La amenaza fantasma. Neeson y Day-Lewis volverían a coincidir en 2002 en Gangs of New York, de Martin Scorsese.
Por otro lado, el director, Roger Donaldson, estaba en sus inicios cuando dirigió Motín a bordo, y visto ahora con la perspectiva del tiempo, aunque no ha llegado a ser un director muy conocido, su nombre está detrás de varios títulos de relevancia comercial como Cocktail, Un pueblo llamado Dante's Peak, Species o La prueba, entre otros.





