A colación del estreno de Prime crime: a true story, he visto hace poco otra película sobre estafas millonarias y sus consecuencias: Retribution, protagonizada por Liam Neeson. Me llamó la atención especialmente porque se trata de un remake americano, o más bien internacional, ya que es coproducción, de una película española que personalmente me gusta mucho: El desconocido.
Un financiero que vive cómodamente con un trabajo legal, pero no siempre honesto del todo, recibe una mañana, mientras conduce llevando a sus hijos al colegio, una llamada de un desconocido que le quiere hacer pagar por sus pecados: tiene una bomba en el coche y si no hace todo lo que le vaya diciendo o si intenta huir, la bomba estallará.
La propia trama nos lleva a una película llena de adrenalina, con una carrera de supervivencia contrarreloj. En ese sentido, Retribution cumple. Sin embargo, no llega a la altura de El desconocido. ¿Y por qué? Tiene 20 millones de presupuesto frente a los 4 millones que tenía la original. Tiene el carisma de Liam Neeson, que realmente lleva bien el cargar con el peso de toda la película a sus espaldas. El papel original lo hacía Luis Tosar, también con gran presencia en pantalla. Ahí están empatadas. La cuestión es que el El desconocido, a pesar de tener menos presupuesto, tiene identidad propia, es más genuina. Retribution tiene más medios, pero no pasa de ser una película de acción más dentro de la industria hollywoodiense. Me recuerda un poco al caso de La asesina, el remake americano del éxito francés Nikita, de Luc Besson. En ambos casos, Retribution y La asesina, en mi opinión, caen en la misma trampa, y es hacer películas en la media de la industria a partir de obras que en Europa tuvieron éxito por ser diferentes a la media.








