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sábado, 31 de marzo de 2018

La forma del Óscar no es de agua

La forma del agua (The shape of the water) de Guillermo del Toro se ha proclamado vencedora en los Óscar de este año con cuatro estatuillas: mejor música, diseño de producción, dirección y película. Las dos primeras, merecidísimas, sin duda, pero las dos últimas, creo que es discutible.

Se trata de lo que podríamos llamar, una película «con bicho», es decir, una historia protagonizada por una criatura no humana y su interacción con las personas u otros seres. A veces, estas criaturas despiertan sentimientos de ternura, otras de miedo, otras de comicidad, etc. Pueden ser de origen mitológico, extraterrestre, sobrenatural o lo que la imaginación de sus creadores alcance. Y el secreto del éxito de estos filmes está en el carisma de la criatura, de su empatía con el espectador, de dejar alguna huella, algún rasgo distintivo por el que ser recordado. Inolvidables criaturas del celuloide son, por ejemplo E.T., King Kong, Alien, Gollum, Yoda, Johnny 5, Depredador, Chewbacca, Gizmo y un largo etc. ¿Cuántos se acordarán en un tiempo de la criatura anfibia de La forma del agua?

Otro problema es el hecho de que sea una historia romántica y falte química entre la pareja protagonista. Tramas menos interesantes o más convencionales han tenido más impacto en el espectador gracias a la química que transmiten sus protagonistas, como por ejemplo en Titanic o Pretty Woman. Incluso hablando de amores acuáticos, hay un precedente interesante en Splash, la comedia de Ron Howard sobre el romance entre un joven con problemas en el amor y una sirena, encarnados por Tom Hanks y Daryl Hannah respectivamente. La película era más sencilla, menos ambiciosa, pero la química entre los protagonistas funcionaba mejor que en el filme de Del Toro. Hasta él mismo consiguió escenas más románticas en Hellboy entre los personajes de Ron Perlman y Selma Blair, con un romance entre un diablo ignífugo y una chica de combustión espontánea en una película de acción. En esta ocasión, Sally Hawkins lo hace muy bien, ha recibido buenas críticas y merecidas, pero también es cierto que luce más en sus escenas en solitario o con otros actores, que en las secuencias románticas con su amante anfibio.

El tercer «pero» u objeción que se le puede achacar, es el escaso aprovechamiento de las subtramas. Se enmarca todo en un contexto de historia de espías en la Guerra Fría, que el director apenas desarrolla ni genera tensión o interés.

Creo que estos tres puntos son hechos bastante objetivos. Siendo más subjetivo, añadiría que a los personajes, en general, les falta autenticidad, pero es una apreciación más personal. El que destaca más en el elenco sobre los demás es el veterano y siempre eficaz Richard Jenkins, en el papel del vecino de la protagonista.

Si no fuese la ganadora de los Óscar, sería una película más de género fantástico muy agradable de ver y ya está, pero habiendo ganado frente a películas más sólidas como El instante más oscuro o Tres anuncios en las afueras, creo que se hace necesario plantearse estas cuestiones. Lo más curioso, es que sobre el papel sí hay material para que sea una película muy notable y de gran interés, pero lo que se ve en pantalla se queda más en un películas de intenciones que de resultados. Por ello, considero que los Óscar a mejor película y mejor director le quedan algo grandes, no siendo así con la deliciosa música de Alexandre Desplat, que se llevó a casa un merecido galardón a mejor partitura original, y también el premio a mejor diseño de producción, un espléndido trabajo de escenarios y ambientación, como suele ser habitual en la filmografía de Guillermo Del Toro.

viernes, 23 de marzo de 2018

Tres anuncios, dos actorazos

Los actores Frances McDormand y Sam Rockwell se alzaron con los galardones a mejor actriz principal y mejor actor de reparto respectivamente en la pasada entrega de los Óscar por interpretaciones en la película Tres anuncios en las afueras. Merecidísimos, sin duda ambos premios. Es una película de actores, en la que todo el elenco, en general, trabaja muy bien y en sus interpretaciones reside la fuerza del filme. De todos ellos, además de los dos premiados, cabría destacar también a Woody Harrelson, con su habitual magnética presencia en la pantalla.

Frances McDormand recibe así su segundo Óscar tras Fargo (1996) y otras tres nominaciones por Arde Mississippi, Casi famosos y En tierra de hombres. En esta ocasión interpreta a una madre coraje que ha perdido a su hija, violada y asesinada, y tras varios meses sin una sola pista sobre su asesino, decide usar tres vallas publicitarias abandonadas en las afueras del pueblo, para publicar frases de denuncia contra la inoperancia de la policía local, acusando concretamente al sheriff, interpretado Woody Harrelson.

Sam Rockwell recibe su primera nominación al Óscar y lo gana. La verdad es que no es para menos, ya que sorprende en un rol muy alejado de sus registros cómicos de Iron Man 2 o El camino de vuelta. Interpreta a uno de los policías del pueblo y se presenta como un matón racista y egoísta sin muchas luces pero con una lealtad ciega hacia su jefe. Es un antihéroe en toda regla que resulta incluso repulsivo para el espectador. Sin embargo, su personaje es el que más evoluciona en la trama y Rockwell lo sabe transmitir muy bien. Además, protagoniza dos de las mejores escenas de la película. Una es un plano secuencia magistral, que resulta muy impactante, tanto por lo ocurre en la escena, como por la perfección técnica con que está filmada. La otra es una secuencia en la que ocurre algo clave en la evolución del personaje y suena de fondo una magnífica canción de Joan Baez.

Tres anuncios en las afueras es una historia sobre cómo las verdades incómodas generan ira en las personas, debido a que cada uno percibe la realidad de una manera al cargar cada cual con sus propias neuras y frustraciones. Dirige este retrato sociológico Martin McDonagh, el director británico de títulos como Escondidos en Brujas o Siete psicópatas. No ha sido nominado por su trabajo de dirección pero sí por el guión. Otro aspecto muy destacado de la película es la música, también nominada a los premios de la Academia, una estupenda partitura que corre a cargo de Carter Burwell, habitual compositor en la filmografía de los hermanos Coen.

domingo, 18 de marzo de 2018

La que se ha liado por un insulto

El pasado mes de enero se presentó en primicia en la gala de Medallas del CEC la película libanesa El insulto, que llegó a la cartelera la semana pasada. Estuvo nominada en los Óscar como mejor película de habla no inglesa, pero premio fue a para finalmente para la producción chilena Una mujer fantástica.

El insulto cuenta la historia de cómo una riña entre vecinos puede acabar en un fenómeno mediático y social. Por un malentendido, un musulmán insulta a un cristiano, el cual se siente ofendido y exige disculpas, mientras el otro considera su reacción exagerada y no va claudicar en retractarse de algo que no estima que sea para tanto. Ambos motivados por su enfrentamiento cultural y religioso, enconan sus posiciones en el malentendido y llegan a juicio. De esta manera la tensión crece hasta el punto en que el conflicto se hace mediático y provoca un enfrentamiento social.

Es una película muy interesante para el debate desde el punto de vista de la convivencia entre distintas culturas o incluso para un estudio humanístico y sociológico. Por otra parte, en el aspecto meramente cinematográfico, cabe resaltar su fluidez narrativa, más cercana al cine occidental que al de Oriente Medio, y el enorme carisma que irradian sus protagonistas, actores desconocidos para el gran público en occidente, que sin embargo tienen una gran presencia en pantalla y resultan empáticos con el espectador.

En definitiva, El insulto es una muy buena película que puede interesar al público tanto por su contenido de calado social como por sus valores cinematográficos, ya que goza de una factura impecable, debido especialmente a su narrativa y sus interpretaciones.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Óscar 2018: ¡Viva México!

Parece que México se ha puesto de moda en Hollywood. En los últimos cinco años, cuatro estatuillas a mejor director han sido para cineastas mexicanos: Alfonso Cuarón por Gravity, Alejandro González Iñárritu por Birdman y El renacido, y este año se une a la lista Guillermo del Toro con La forma del agua, que se proclama vencedora de la noche con cuatro premios, de las trece nominaciones que tenía, incluyendo música y diseño de producción. Por otra parte, el Óscar a mejor película de animación, ha sido para Coco, la inmersión de Pixar en la cultura mexicana y sin duda una de las mejores películas del año pasado, no solo de animación sino en general. Y finalmente, Iñárritu recibió un premio especial por su proyecto de realidad virtual Carne y arena, una experiencia inversiva sobre los emigrantes mexicanos a Estados Unidos.

Aparte de México, la historia de Europa ha tenido también su representación en los premios con el episodio de la batalla de Dunkerque, tratado en dos películas oscarizadas en esta noche. El instante más oscuro se alzaba con dos galardones a mejor maquillaje y mejor actor principal para Gary Oldman, como era previsible, ya que partía como favorito, y por otra parte, Dunkerque recibía tres galardones técnicos: montaje, sonido y efectos de sonido, también previsible, ya que la baza más fuerte de la película es la atmósfera envolvente que recrea, especialmente gracias al sonido.

Blade Runner 2049 recibe las estatuillas de los efectos especiales y la fotografía. Otros dos para Tres anuncios en las afueras, mejor actriz principal y mejor actor secundario para Frances McDormand y Sam Rockwell respectivamente. La mejor actriz secundaria galardonada fue Allison Janney por Yo, Tonya. Los guiones premiados fueron para Get out y Call me by your name como original y adaptado respectivamente.

Y esto es, en resumen lo que ha dado de sí más o menos, la 90ª edición de los Óscar.

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