El agente secreto fue la representante de Brasil en los Óscar de este año, aunque a pesar de que la producción es principalmente brasileña, ha sido coproducida con Francia, Alemania y Holanda. La acción se desarrolla en Brasil en 1977 durante la dictadura militar en un ambiente de corrupción en todas las esferas de poder, desde los políticos hasta los policías pasando por los empresarios, donde las víctimas son las personas normales y corrientes.
Tras un brillante prólogo en una gasolinera solitaria de carretera que capta la atención del espectador al momento, la película se va desarrollando manteniendo la intriga y el interés de un misterio que se va desvelando poco a poco a lo largo de dos horas y media de metraje. Hay momentos muy brillantes y otros quizá no tanto, alguna caída de ritmo, pero en general es una muy buena película con una ambientación extraordinaria y un elenco de actores que componen personajes muy auténticos. Concretamente, el protagonista, Wagner Moura, carga con todo el peso de la trama y lo hace con un carisma y una presencia imbatibles. No sé lo que hará en el futuro, pero se podría decir que esta será la película de su vida, esa fusión perfecta entre actor y personaje. Moura es conocido especialmente por interpretar a Pablo Escobar en la serie "Narcos".
Todo está cargado de simbolismo, de metáforas, para hablarnos sobre los miedos, los peligros de un sistema corrupto, las injusticias. Y en estos simbolismos juega un papel muy importante la película Tiburón, de Steven Spielberg. Tanto simbolismo da lugar también a momentos algo surrealistas dentro de la narración, que chocan un poco, pero te mantienen igualmente enganchado.
En general, El agente secreto es una gran película con una estética muy particular y atractiva, y mucho trasfondo humanístico, que conviene analizar al terminar de verla.
