Rondallas es una película sobre la superación del duelo a través de la música y el trabajo en equipo, sobre el acercamiento a los demás, sobre el reencontrarse con uno mismo y con los demás después de haber perdido un poco el norte, y sobre recuperar la ilusión por disfrutar de las cosas buenas de la vida, que son muchas y muy sencillas, pero a veces perdemos la perspectiva cuando la tragedia nos pasa por encima como una apisonadora.
Como decía antes, encabeza el elenco Javier Gutiérrez con su carisma habitual, protagonista estelar de Campeones, El desconocido o La isla mínima, pero realmente quien brilla por encima del resto es la actriz María Vázquez, a la que hemos podido ver en títulos como Matria, Quien a hierro mata o Mataharis. Su presencia en la pantalla es notoria en cada escena en la que interviene. En general, todo el elenco trabaja muy bien y todos los personajes rezuman autenticidad, y eso hace que todas las escenas resulten interesantes, sean quienes sean los que salgan en ellas.
Dirige Daniel Sánchez Arévalo y consigue una película con un acabado técnico y un ritmo narrativo sensacionales, pero su mayor virtud, su mayor logro en este filme, es el mágico equilibrio entre drama y comedia. Hay momentos cómicos que funcionan muy bien, que oxigenan el relato, pero sin desdramatizar los hechos. Consigue emocionar, pero sin caer en el sentimentalismo exagerado. A pesar de ser un relato de ficción, es un retrato realista de una comunidad con unas tradiciones, una cultura y un modo de vida muy concretos a los que el director se acerca con todo el respeto y se nota su sensibilidad y empatía hacia ese microcosmos en el que desarrolla su película.
El pasado mes de febrero, Rondallas recibió la medalla Platino Educa de la Solidaridad en gala de medallas del CEC.

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