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martes, 29 de octubre de 2024

Sucedió en Roma, reviviendo el pasado

 


Sucedió en Roma es una película danesa que se ha estrenado en España directamente en streaming. Trata sobre una pareja danesa que viaja a Roma para celebrar su 40º aniversario de boda. Él es un cartero retirado que no había estado antes en la ciudad eterna y ella es una pintora que dejó el arte por un trabajo en una editorial, pero que estudió en la capital italiana en su juventud donde había tenido un romance con un profesor.

Es una tragicomedia que invita a la reflexión sobre los sueños frustrados de juventud, los errores del pasado, los secretos, el amor, el matrimonio, y en general, el sentido de la vida al alcanzar cierta edad. La puesta en escena y la ambientación son algo convencionales, pero la película goza de buenos intérpretes y buen ritmo narrativo. También resulta entrañable el homenaje al clásico Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler. 

Dirige Niclas Bendixen, director y coreógrafo, de hecho trabajó como coreógrafo en la exitosa Otra ronda. Como director, Sucedió en Roma es su tercera película. Protagoniza la actriz Bodil Jorgensen, que en sus inicios estuvo en el reparto de Los idiotas (1998), de Lars Von Trier, película paradigmática del movimiento Dogma. Comparten cabeza de cartel con ella los actores Kristian Halken y Rolf Lassgard, este último conocido especialmente por interpretar al inspector Wallander en la serie sueca y las películas sobre este personaje, que también tuvo otra adaptación británica en la que era interpretado por Kenneth Branagh.


lunes, 2 de agosto de 2021

Otra ronda de radiografía social

 

Luces y sombras del alcohol y de la vida


La ganadora del Óscar de este año a mejor película internacional es una película danesa titulada Otra ronda (Druk). El director, Thomas Vinterberg, también fue nominado a mejor director, pero no consiguió la ansiada estatuilla, que fue a parar a manos de Chloé Zhao por Nomadland. Vinterberg es un director danés que debutó en los años 90 y fundó junto a Lars Von Trier el movimiento vanguardista Dogma 95 que planteaba hacer cine rompiendo los cánones cinematográficos propios de Hollywood. 

Otra ronda trata de cuatro profesores de instituto que están hastiados y desganados y que para animarse deciden hacer un experimento sociológico basado en la idea de un psiquiatra noruego que dice que todos nacemos con déficit de alcohol en sangre. El experimento consiste en beber solo en horas de trabajo para mantener la tasa de alcohol en sangre óptima para mejorar su rendimiento. El experimento, obviamente, se les va un poco de las manos, como ya se esboza en el tráiler de la película.

La crisis de la mediana edad, el alcoholismo, la falta de disciplina en  la juventud, la ausencia de autoridad de los profesores en las aulas, la crisis matrimonial, la hipocresía de la supuesta sociedad del bienestar, todos estos temas delicados son tratados sin tapujos en una trama que gira en torno a la amistad de los cuatro protagonistas. El director trata los temas con humor pero sin desdramatizar, mostrando también el lado sórdido de la cosas, pero sin regodearse en ello. De ahí nace la autenticidad que emana la película y ahí es donde reside su fuerza, porque la vida es así; no todo es blanco o negro, sino una amplísima escala de grises.

El trabajo de los actores es impecable y su conseguida naturalidad contribuye a esa autenticidad que atrapa de lleno al espectador. El elenco es encabezado por Mads Mikkelsen, el más internacional del reparto, el otrora villano de Casino Royale o el artífice de la Estrella de la Muerte en Rogue One o el Tristan de El rey Arturo, que incluso ha aparecido en el universo Marvel en Doctor Extraño y se encuentra ahora rodando la nueva entrega de la saga de Indiana Jones.

La música juega también un papel importante en la evolución de la película y en la construcción de la atmósfera adecuada de la misma, especialmente con el tema What a life, del grupo Scarlet Pleasure.

lunes, 1 de marzo de 2010

La escuela de la vida


La clásica división entre la educación académica y las enseñanzas de la calle, es el tema que pone de relieve An education (Lone Sherfig, 2009), a través de una historia ubicada en Londres durante los años 60, sobre una aventajada alumna en un colegio marcado por una severa disciplina, que abre los ojos a otra realidad, en principio más atractiva, al conocer a un tipo que le dobla la edad y que se ha curtido en el mundo real, alejado del ambiente académico. La adolescente se verá en la encrucijada de elegir sobre su futuro en la universidad de Oxford o una vida de emociones y diversión sin límites.
Como en el cuento de la “cigarra y la hormiga”, se plantea el eterno dilema sobre si hay que disfrutar del momento sin pensar en las consecuencias o se debe actuar pensando en el futuro. Un tema tratado en el film con un tono que se debate continuamente entre la comedia y el drama.

Todos los actores hacen un trabajo estupendo, desde Alfred Molina hasta Emma Thompson, pasando por Peter Saargard y Rosamunde Pike. Sin embargo la gran revelación es la joven actriz protagonista Carey Mulligan, que ya ha sido premiada por esta interpretación con varios galardones, entre ellos el Bafta a Mejor Actriz, y está también nominada a los Oscar.

Resulta curioso que la película está rodada con cierto clasicismo en sus formas, teniendo en cuenta que la directora Lone Scherfig fue la responsable de Italiano para principiantes (2000), uno de los films más representativos del rompedor movimiento Dogma 95. Sin embargo viendo An education no se hace explícita una influencia directa de aquella corriente, como por ejemplo ocurre con otra coetánea suya, Susanne Bier, que tras la película postdogma Después de la boda dirigió para Hollywood Cosas que perdimos en el fuego, en la que se notaba, por el estilo de la cinta, que conservaba varios elementos del Dogma.

En definitiva An education es una película muy grata de ver con un gran trabajo actoral y un tema de trasfondo muy interesante plasmado por su directora con mucha naturalidad.

Leer critica An education en Muchocine.net

domingo, 14 de septiembre de 2008

De Dinamarca a USA


Tras el potente drama Después de la boda, la directora danesa Susanne Bier debuta en Hollywood de la mano de Dreamworks con el drama Cosas que perdimos en el fuego (Things we lost in the fire, 2007). Aunque se presentó en el Festival de San Sebastián el año pasado no se estrenó en las salas comerciales españolas hasta abril de este año.

La historia es la de una mujer con dos niños que se queda viuda y acoge en su casa al mejor amigo de su marido, un drogadicto en proceso de desintoxicación al que ella siempre había dado la espalda. Se teje así una maraña de emociones contenidas que incluyen sentimiento de culpa, búsqueda de redención, superación de la tragedia de perder a un ser querido en una situación violenta, sentimientos confusos, toda una montaña rusa emocional que gira en torno a una muerte repentina.

Halle Berry está muy correcta, hace una interpretación que no se puede reprochar pero tampoco es para elevar a los altares. Benicio del Toro en cambio llena la pantalla, hace un papel sensacional, demostrando una vez más que es un actor como la copa de un pino.

La película globalmente es poderosa pero tiene las emociones muy contenidas, quizá demasiado, lo que hace que pueda resultar algo fría, especialmente si se compara con Después de la boda, ya que es inmediatamente anterior y tienen un tono muy parecido, por lo que la comparación resulta casi inevitable. Quizá ese punto de frialdad pueda venir por una cierta dispersión de estilo, ya que se trata de una película propia del cine independiente americano apadrinada por un gran estudio y rodada al estilo post-dogma europeo. Una mezcla conceptual interesante pero complicada.

No obstante podemos concluir que Susanne Bier ha tenido un desembarco en la meca del cine bastante digno y la película es sin dudas un drama muy humano, muy poderoso y resuelto con eficacia.

domingo, 6 de abril de 2008

La evolución

Estoy preparando mi próximo corto documental. Se trata de rescatar del olvido imágenes que grabé hace 10 años. Cuando veo los cortos que montaba antes y los que hago ahora, me doy cuenta de los fallos tan garrafales que cometía entonces, y algunos los sigo cometiendo ahora además de otros nuevos que espero corregir con el tiempo. Todo evoluciona en esta vida, menos mal. Me estoy encontrando con un montón de panorámicas eternas y sin sentido que hoy día no se me ocurriría hacer. La verdad es que la edición puede ayudar a corregir determinadas cosas pero no hace milagros.
Esto me hace reflexionar sobre la evolución del lenguaje cinematográfico. Se habla mucho de la evolución tecnológica, de lo que la era digital ha permitido hacer en el cine, pero también cambian el tipo de planos, los movimientos de cámara, las inserciones de los flash-backs, etc. En los últimos tiempos se intenta conseguir el realismo con el movimiento de cámara en mano, introducido especialmente por el movimiento Dogma en 1995 y por el periodismo televisivo. Rodar una secuencia como si fuese un reportero de televisión emitiendo en directo se ha convertido en un recurso muy utilizado en el cine actual. Esto afecta al lenguaje cinematográfico clásico. En este tipo de secuencias no es tan fácil desglosar una secuencia en los planos utilizados, e incluso ese realismo permite algo tan básico como es el salto de eje con mayor facilidad que en una planificación tradicional.
Personalmente creo que este lenguaje periodístico en el cine más que una evolución es un recurso más a utilizar. La cuestión es que al ser algo que está de moda a veces parece que los recursos tradicionales están obsoletos, pero nada más lejos de la realidad. Creo que muchos cineastas deberían tener claro lo que quieren contar y utilizar el recurso más adecuado para ello, sin dejarse influir tanto por las modas. Se pueden conjugar diferentes formas de rodar en una película dependiendo de lo que quieras transmitir en ese momento pero a veces nos encontramos con cosas que no vienen a cuento pero que se utilizan por estar de moda, dejando de usar otros recursos que le irían mejor a la situación pero que no se utilizan por no estar de moda. Precisamente la evolución consiste en mejorar, no en sustituir, o al menos no en sustituir todo, sino sólo aquello que deba ser sustituído.

jueves, 28 de febrero de 2008

Después del dogma

En 1995 surgió una corriente cinematográfica llamada Dogma, de la que quizá el director más conocido sea Lars Von Trier, que se basaba en hacer todo lo contrario a lo que se supone que es el cine: cámara en mano, muchas veces de vídeo en vez de celuloide, sin música que no esté dentro de la acción, con improvisaciones, en fin, un montón de normas que lo que buscaban era la sensación de realismo, espontaneidad y naturalidad.
Yo personalmente nunca fui muy partidario de este tipo de películas por dos razones fundamentalmente: en primer lugar por una cuestión conceptual, ya que entiendo el cine como un espectáculo glamouroso muy en la línea clásica de Hollywood. En segundo lugar siempre he considerando que es difícil discernir cuando de verdad se está haciendo arte realista como el que pretendían, o cuando uno se escuda en esos principios de buscar la espontaneidad para justificar su total ausencia de talento. Es decir, creo que hay buenos autores pero también hay caraduras que se amparan en esa austeridad de medios propia del movimiento para dárselas de lo que no son. A veces la línea que separa al genio del necio puede ser muy difusa.
Pues bien, siempre he sido partidario de la moderación y el equilibrio, así que si cogemos lo bueno de un tipo de cine al uso y lo bueno de este otro tipo de cine, se pueden conseguir resultados muy interesantes. Por ejemplo utilizar música para subrayar determinados momentos puede aportar mucho a la película, o usar determinada iluminación que no sea luz natural. En los últimos años ha existido esta tendencia a ser más flexibles con las reglas del dogma sensu estrictu, y he descubierto una película danesa maravillosa titulada Después de la boda (Efter brylluppet, Sussane Bier, 2006). La historia comienza con un hombre que regenta un orfanato en la India y acude a Dinamarca para entrevistarse con un millonario que le puede financiar. Éste le invita a asistir a la boda de su hija, que se casa al día siguiente, y después de la boda las cosas no vuelven a ser lo que eran. Es una película de emociones a flor de piel, con momentos que dejan con el corazón encogido al espectador más frío. Una película de valores, de debate moral, de mucho contenido. Y otra cosa que me sorprendió fue el montaje, muy vivo, cuando el hecho de ir a ver una película danesa hace pensar en principio que va a ser algo lento y contemplativo. Todo lo contrario, un montaje dinámico y con mucha simbología.
Uno de los protagonistas es Madds Mikelsen, conocido para el gran público por haber encarnado al villano de Casino Royale (Martin Campbell, 2006). Una película muy recomendable que no dejará indiferente a nadie.