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jueves, 7 de julio de 2016

Viva, un retrato de la Cuba actual

El actor cubano Jorge Perugorría nos brinda una emocionante y soberbia interpretación en la película Viva, del director irlandés Paddy Breathnach, una coproducción entre Irlanda y Cuba que retrata las miserias de la sociedad cubana actual. El turismo sexual y la pobreza en la que continúa viviendo la población de La Habana, están presentes como telón de fondo para contar una historia sobre el perdón, la tolerancia y la redención a través de la complicada relación entre un joven peluquero homosexual, que quiere dedicarse al espectáculo en un show de drag queens, y su padre, un rudo ex boxeador alcohólico al que no ve desde la infancia y que reaparece en su vida de repente. Este personaje es al que da vida Perugorría en una asombrosa evolución que entra en sintonía con el espectador desde el principio, primero con aversión y al final con ternura.

Salvo algún detalle un poco obsceno, y quizá algo grotesco al inicio del film, la película en general se desarrolla en clave de tragicomedia, con un humor de sabor agridulce, con más drama que comedia, y una galería de personajes que se van ganando el favor del público fotograma a fotograma según avanza la trama, para desembocar en un clímax final en verdad emocionante, que toca la fibra a cualquier espectador mínimamente sensible.

El joven actor Héctor Medina debuta en el largometraje con esta película. Es su segundo trabajo como actor tras el cortometraje Camionero, y realmente se le augura un futuro muy prometedor en el mundo de la interpretación. Otro al que cabe destacar es Luis Alberto García, que encarna al dueño del cabaret, y que dota a su personaje de un gran carisma en la pantalla.

Jorge Perugorría se daba a conocer en España hace 23 años con el éxito de Fresa y chocolate, una película que retrataba también el tema de la homosexualidad en Cuba, aunque en aquel entonces era un problema político, y sin embargo actualmente se trata más de una cuestión social. En aquella película Perugorría interpretaba a un personaje homosexual, y ahora en Viva su personaje es todo lo contrario. Su grandeza reside en que con ambos personajes, totalmente antagónicos y con 23 años de diferencia entre uno y otro, ha conseguido sendas interpretaciones de un alto nivel emocional.

miércoles, 6 de julio de 2016

Bienvenido al país de los gigantes

Spielberg lleva a la gran pantalla el imaginario del autor de cuentos Roald Dahl con la adaptación de Mi amigo el gigante (The BFG). La historia de una niña huérfana que una noche ve a un gigante y éste se la lleva para que no pueda delatarlo, llevándola al país donde él habita. En un lugar poblado por gigantes robustos y primitivos que devoran niños, el protagonista del film es un gigante enclenque, más pequeño que los demás, anciano y repudiado por los más fuertes. Es un forjador de sueños, un poeta que habita entre depredadores. A pesar de su existencia tan poco alentadora, es un ser entrañable, de gran corazón, de forma que entre él y la niña nacerá una profunda amistad.

Una película dirigida por Steven Spielberg es ya, desde hace décadas, una garantía de calidad. Unas películas le salen más redondas que otras, pero todas cumplen unos mínimos de aportar algo positivo para que valga la pena pagar la entrada. Mi amigo el gigante cumple con esas expectativas, si bien hay que decir que no es de las mejores del Rey Midas de Hollywood.

El film tiene a favor unas interpretaciones sensacionales de la pareja protagonista: por un lado Mark Rylance, con quien Spielberg ya trabajó en El puente de los espías, por la que recibió el Oscar Mejor Actor de Reparto, en la piel del gigante que da título al film. Por otro lado su partenaire en la pantalla, la niña Ruby Barnhill, que debuta en cine con este film. Cabe destacar entre los secundarios a la veterana actriz británica Penelope Wilton en el papel de la Reina de Inglaterra, muy reconocible especialmente para los seguidores de la serie televisiva Downton Abbey. En cine se le ha podido ver en títulos como El exótico hotel Marigold o Match Point.

La película es técnicamente deslumbrante, como cabía esperar del maestro Spielberg, si bien no sólo en la ejecución de los efectos visuales, sino también en la conceptualización visual, de manera que crea un universo particular que consigue envolver al espectador y hacerle vivir ese mundo imaginario.

Ahora viene la gran pregunta: si tiene buenas interpretaciones y visualmente es absorbente, ¿por qué la película no resulta redonda? Tras un arranque muy bueno, que nos introduce de lleno en el mundo de la niña protagonista, y un desenlace frenético, con ecos de los clásicos Disney como Mary Poppins o La bruja novata, Mi amigo el gigante tiene un tramo central de metraje que resulta excesivamente descriptivo y en el que la historia apenas avanza. Resulta muy poético visualmente, pero se nota que la caída de ritmo en la narración lastra el resultado global del film. La película dura dos horas, y en mi opinión, creo que le sobra metraje en esa parte central de excesivo regodeo descriptivo.

Con todas y con esas, Mi amigo el gigante es una película muy agradable de ver, con personajes de buen corazón, con una historia de amistad pura e incondicional, con la ingenuidad propia de los cuentos, y con un tratamiento gráfico que consigue momentos de gran belleza visual.

sábado, 2 de julio de 2016

Premios Cinemanet 2016

Termina el primer semestre del año, y la producción de Galax Pictures se salda con 3 vídeos. Tras arrancar el año con la nueva promo de Ragora Juegos, y continuar con el reportaje Paseando por las dunas de Aquitania, llegó junio con la cita anual con los premios de Cinemanet.

La gala tuvo lugar el 6 de junio en Madrid. Este año se concedieron los siguientes galardones:

- Premio Personaje a un personaje de ficción: Walter Mann, de la película Flow.
- Premio Personaje a un personaje real llevado al cine: Sor Marguerite, del film La historia de Marie Heurtin.
- Premio ¡Qué bello es vivir! a película europea: Ma ma, de Julio Medem.
- Premio ¡Qué bello es vivir! a película del resto del mundo: Ghadi, de Amin Dora.
- Homenaje por su trayectoria humanística a la actriz y escritora Isabel Ordaz.

Este es el vídeo resumen de la gala de este año:


miércoles, 29 de junio de 2016

Tras 20 años volvemos a celebrar el Independence Day

En 1996 Roland Emmerich rompía la taquilla con Independence Day, un film sobre una invasión alienígena, y de cómo la humanidad consigue vencer al enemigo el día 4 de julio, el Día de la Independencia de Estados Unidos. Se lanzó con un trailer impresionante en el que una gran bola de fuego arrasaba una calle de Nueva York. Daba la sensación de ser más seria de lo que luego fue. La película realmente tenía un tono más lúdico, con bastantes toques de humor, especialmente por parte de los personajes de Will Smith y Randy Quaid.

Veinte años después llega la secuela Independence Day: contraataque (Independence Day: resurgence). La trama se desarrolla en la actualidad, pero en una realidad alternativa. Durante estas dos últimas décadas hemos aplicado la tecnología de los alienígenas a nuestras vidas. Así tenemos helicópteros que vuelan sin hélices, cazas de combate super sofisticados y hasta una base espacial en la Luna. Han sido años de paz entre los hombres y de cierta armonía con los alienígenas. Sin embargo ha llegado el momento en que éstos lancen una nueva ofensiva con naves nodriza mucho más grandes que las anteriores, del mismo modo que en Star wars VII la base del nuevo imperio era otra Estrella de la Muerte agigantada.

Hay personajes nuevos: dos pilotos amigos pero enfrentados por la negligencia de uno de ellos en un vuelo. A éste lo interpreta Liam Hemsworth, en un registro de piloto experto pero indisciplinado y rebelde. Su compañero está interpretado por Jessie T. Usher y su personaje es el hijastro del piloto interpretado por Will Smith en la primera entrega. Esta subtrama es quizá la que más interés suscita al inicio del film, pero no la desarrollan mucho, y tampoco actores tienen buena química entre sí para dar calado a la amistad que une a sus personajes.

Jeff Goldblum repite su personaje pero esta vez queda bastante desdibujado, ya que la primera vez él era quien descubría el plan de los invasores. Sin embargo en esta ocasión no hay sorpresa, todos están preparados para una posible nueva batalla y eso es lo que ocurre, con lo cual las dotes deductivas del protagonista no hacen falta y su presencia se debe simplemente a que tiene que estar porque forma parte del equipo científico.

Por lo demás. Independence Day: contraataque es lo que cabría esperar: otra batalla entre humanos y alienígenas, muy aparatosa, visualmente apabullante y entretenida, con algún que otro chiste entre medias, para pasar una calurosa tarde de verano en una sala cinematográfica.

lunes, 27 de junio de 2016

1944, la otra guerra

Todo lo que suena a II Guerra Mundial nos remite a los Nazis, los Aliados, alemanes, americanos, ingleses, franceses, Normandía, Pearl Harbour, ya sea en tono más heroico, como antaño, o ya sea en una línea más bien antibelicista, como en el cine contemporáneo. A veces parece que de un modo u otro nos lo han contado todo, pero no es así. Todavía quedan historias por sacar a la luz, y algunas sorprenden y sobrecogen enormemente. Ese es el caso de 1944, una película estonia sobre cómo la contienda afectó a la población de esta nación.

Estonia es un país que se vio abocado a una guerra fratricida sin tener un conflicto interno, como suele ocurrir con las guerras civiles. La tragedia de un pueblo enfrentado entre sí por causa de influencia extranjera. Los alemanes reclutaron estonios para luchar contra los rusos, y los rusos reclutaron estonios para luchar contra los alemanes. Algunos incluso lucharon en ambos bandos en distintos momentos de la guerra. En cualquier caso se trataba de tener que escoger entre dos bandos para enfrentarse con sus propios compatriotas, cuando ninguno de los dos lados pertenecía a su país.

La película expone esta situación a través las historias de varios soldados en las trincheras. Resulta llamativo que, siendo una película testimonial centrada en retratar el drama vivido por la población estonia, y sin tener demasiado presupuesto, ya que asciende a poco más de millón y medio de euros, el film hace gala de unas secuencias de acción bélica intensas, impactantes, que le confieren una dimensión épica a una película que en principio tendería más al drama intimista.

Dirige Elmo Nügayen, habitual actor, visto en la nominada a los Oscar Mandarinas, que como director firma su tercer largometraje con este intenso drama bélico, seleccionado para competir por Estonia en los Oscar. Todo el elenco de actores aportan interpretaciones veraces. A pesar de ser desconocidos fuera de su país, y muchos de ellos tener una filmografía más bien corta, todos resultan convincentes.

Una película testimonial de la dura realidad de un país en un momento crucial de la historia, que recrea el drama de forma sobria, aséptica y directa, sin regodearse en tremendismos ni renunciar tampoco al espectáculo cinematográfico.

lunes, 20 de junio de 2016

Psicoanalizando a Dory

Trece años han pasado desde el estreno del gran éxito submarino de Pixar, Buscando a Nemo. A nadie se le escapa el hecho de que el personaje que más huella dejó en el público, fue la entrañable Dory, un pez con problemas de pérdida de memoria a corto plazo. Uno de los personajes más ricos en matices que ha dado el cine de animación. Por ello no es de extrañar que tarde o temprano tuviera un spin-off, es decir, que siendo un personaje secundario en una película pasara a tener su propio film como protagonista. Por otra parte, el éxito de Buscando a Nemo, hacía presagiar que antes o después habría de tener una secuela, igual que la han tenido Cars o Toy Story. Pues bien el momento ha llegado y el equipo de Pixar, con muy buen criterio en mi opinión, nos brinda un dos en uno, es decir secuela y spin-off en una sola película: Buscando a Dory (Finding Dory).

Vuelve el trío formado por Nemo, Marlin y Dory, pero esta vez Dory es la protagonista. La acción se desarrolla un año después de la aventura de la primera película. Dory se ha quedado a vivir con Marlin y Nemo. Un día, tras un accidente, tiene un brote de memoria sobre su infancia, y decide seguir la pista para irse en busca de sus padres. Por supuesto, igual que ella ayudó anteriormente a Marlin a buscar a su vástago Nemo, ahora padre e hijo acompañarán y ayudarán a su amiga en una nueva aventura para encontrar a su familia.

La psicología del personaje de Dory da mucho juego, y los artífices del film han sabido sacarle todo el jugo, consiguiendo momentos muy cómicos, pero también otros muy emotivos. Y es que es increíble como saben en Pixar tocar la fibra sensible del espectador. La película juega en varias ocasiones con la fina línea que separa lo sentimental de lo ñoño, lo tierno de lo cursi. Arriesga mucho pero siempre sale bien parada. En ese sentido guarda un equilibrio magistral. Si ya en la primera película Dory se había ganado el cariño incondicional del público, en esta nueva entrega revalida el título y hace su huella aun más honda.

Si la primera vez la acción transcurría entre el océano y un acuario particular en Sidney, ahora el nuevo escenario es un instituto oceanográfico y sus alrededores en California. Aquí podemos encontrar una galería de nuevos personajes muy interesantes, entre los que destacan un pulpo escapista, un tiburón ballena hembra con problemas de vista y una beluga macho con dolores de cabeza, que descubre con gran regocijo su facultad de ecolocalización, esto es el sistema de sonar que utilizan algunos mamíferos, como los murciélagos o los delfines, por ejemplo, para orientarse o localizar a sus presas cuando van de caza.

Dirige la película Andrew Stanton, que también se ha hecho cargo del guión. Debutó en la dirección del largometraje con Bichos, junto a John Lassetter, y su siguiente proyecto fue Buscando a Nemo, codirigida con Lee Unkrich. Desde entonces ha dirigido dos películas de ciencia ficción en solitario: la sensacional película de animación Wall-E, y la malograda cinta de imagen real John Carter. En Buscando a Dory ha contado con la codirección de Angus McLane, que ha dirigido algunos cortos y debuta en la dirección del largo con esta película.

Y por supuesto hablando de un estreno de Pixar hay que mencionar el cortometraje que se proyecta antes de la película. Normalmente son cortos antiguos, pero esta vez es nuevo. Su título es Piper, y cuenta sin palabras el aprendizaje de un correlimos recién nacido para alimentarse en la orilla del mar. Sensacional. Supone el debut en la dirección de Alan Barrillaro, que ha trabajado para la compañía en el departamento de animación desde Bichos, estrenada en 1998. A la vista de este corto no sería de extrañar que pronto se pase al largo.

Salvo por alguna situación que puede chirriar por resultar algo irreal de más, Buscando a Dory es una película prácticamente redonda. Un canto a la familia y a la amistad con personajes muy bien perfilados y de gran calado emocional. Divertida, tierna, entrañable, así es Dory, y así es su película.

Muchas gracias a Sensacine por el preestreno de esta película, uno de los grandes títulos de este verano, y posiblemente del año.

miércoles, 15 de junio de 2016

Luces y sombras del heroísmo

Tras Un cuento chino, el director Sebastian Borenzstein y el actor Ricardo Darín vuelven a trabajar juntos en otra coproducción hispano argentina: Capitán Kóblic. Esta vez se alejan de la comedia para traernos un áspero thriller en clave de western. La acción se desarrolla a finales de los años 70, durante la dictadura argentina. Un piloto de la Armada, no conforme con las órdenes recibidas, huye a refugiarse en un pueblo perdido, gobernado por un comisario de policía que impone su propia ley al más puro estilo caciquil.

Como el propio Darín decía en una entrevista, el personaje resulta muy controvertido, ya que en principio parece un héroe por negarse a hacer algo que es inmoral, pero por otra parte en vez de intentar luchar contra ello, se limita a escapar. Sin embargo el encontrarse con personas de alma más oscura que la suya, hace que realmente sí lo parezca.

Personalmente estoy de acuerdo con que para ser un héroe hay que hacer algo más, no solamente huir. Por ejemplo el caso del coronel Stauffenberg en Valkiria, el oficial que perpetró el último atentado contra Hitler por desaprobar los métodos del Führer, sí que hizo algo heroico, ya que se negó a seguir órdenes e intentó acabar con la barbarie. Creo que Capitán Kóblic propone un interesante debate sobre el heroísmo. Una cosa es ser buena gente por negarse a hacer el mal, y otra cosa es combatir esa maldad. Cuando se plantea una situación en que un sistema obliga a la gente a cometer atrocidades, podríamos distinguir cinco grupos según las reacciones de los individuos: los de alma más oscura serían los que comulgan con ese sistema, y disfrutan obedeciendo órdenes aberrantes. Luego estarían los amorales que simplemente acatan lo que hay y no se plantean nada más. El siguiente grupo sería el de aquellos que son conscientes de que lo que hacen está mal pero, bien por incapacidad o bien por cobardía, no hacen nada por evitarlo y viven llenos de remordimientos. Los siguientes serían los que, como Kóblic, tienen conciencia de que no está bien lo que hacen y se plantan, se niegan a cumplir órdenes. Y por último estarían los que además de negarse a hacer el mal son proactivos en intentar combatirlo. En los dos extremos es fácil emitir juicios de valor en función de buenos y malos, pero en los casos intermedios se abre un interesante debate a la hora de juzgar los comportamientos de la gente.

A Darín le secundan Inma Cuesta y Óscar Martínez, éste último en el papel del comisario, que compone un personaje en verdad desagradable y mezquino, tipo el capitán Quinlan de Orson Welles en Sed de mal. El trío protagonista trabaja muy bien, aportando sólidas interpretaciones. Por su parte el director consigue crear una atmósfera tensa desde el inicio hasta el final del metraje, con una puesta en escena muy sobria y una resolución de las acciones muy seca y directa, sin concesiones ni regodeo en lo sórdido. El ritmo es constante y adecuado para hacer avanzar la historia sin perder interés en ningún momento. El tono de la película está muy equilibrado y homogéneo, sin que ningún elemento chirríe o parezca fuera lugar.

El tratamiento de Borenzstein de dirigir la película como si fuera un western, le queda muy bien a la historia. Es un estilo de western no en la línea clásica de Ford o de Hawks, sino más bien en la estela más dura de Leone, Eastwood o Peckinpah.