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Secuelas tardías, ¿una buena idea?

Hace poco se publicaba el primer teaser de Blade Runner 2049 , cuyo estreno está previsto para octubre de este año. Se trata de la secuela ...

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viernes, 17 de noviembre de 2017

Fotogramas y corcheas se amalgaman en el jazz

«No hay melodía. Trasciende las notas, no es lo que se espera. Se improvisa, como lo de hoy.» Así definía el jazz Tom Cruise en la piel de Vincent, un asesino a sueldo que secuestra a un taxista en el intenso thriller Collateral, de Michael Mann.

Se celebra este mes de noviembre el Festival Internacional de Jazz de Madrid, por lo que se me antoja adecuado dedicar unas líneas en este blog a la estrecha relación que siempre han tenido el cine y el jazz. No en vano, la primera película sonora fue El cantor de jazz. Muchos directores han encontrado en este género musical, el acompañamiento perfecto para sus imágenes. La máxima expresión de ello la tenemos, quizás, en Woody Allen, que ambienta musicalmente la mayoría de sus películas con piezas de jazz. De sobra es conocida su pasión por el clarinete, con el que ensaya todos los días, tanto si está rodando como si no, y lleva años tocando junto a su grupo de amigos jazzistas.

Otro gran director, también muy melómano, es Clint Eastwood. De hecho, toca el piano y en alguna de sus películas, como por ejemplo Poder absoluto, incluye alguna pieza propia. Su afición por el jazz le llevó a dirigir Bird en 1988, con Forrest Whitaker de protagonista, sobre la vida del saxofonista Charlie «Bird» Parker. Y hablando de biografías en el cine, otros biopics sobre figuras de jazz son, por citar ejemplos de diferentes épocas, Música y lágrimas (1954), de Anthony Mann sobre la vida de Glen Miller, encarnado en la película por James Stewart. Más recientemente, está el caso de Ray (2004), de Taylor Hackford sobre Ray Charles, interpretado por Jammie Foxx, que consiguió el Óscar a mejor actor principal con este filme.

Miller pertenece a la época del swing, desarrollando su carrera profesional entre los años 20 y principio de los 40. Sin embargo, Ray Charles nació en 1930 y publicó su primer disco a finales de los 40. Se ha movido entre el jazz , blues y soul, tres estilos musicales cuya línea divisoria es muy difusa. De hecho, no solo él, sino varios artistas coetáneos suyos, también se movían entre estos géneros. A varios de estos grandes músicos y cantantes los podemos ver reunidos en la película Granujas a todo ritmo (1980), de John Landis, una comedia musical gamberra y delirante, en la que los Blues Brothers, Dan Aykroyd y John Belushi, bajo el argumento «estamos en una misión de Dios», tratan de reunir a su antigua banda para dar un concierto con motivo de juntar dinero para salvar de la ruina al orfanato de monjas en el que se criaron. En su periplo nos encontramos con grandes figuras del jazz, blues y soul como Ray Charles, James Brown, Aretha Franklin o Cab Calloway, que protagonizan geniales números musicales.

El filme conoció una tardía secuela en 1998: Blues Brothers 2000. John Belushi había fallecido y fue sustituido por John Goodman. Repitió John Landis como director con prácticamente el mismo esquema narrativo, pero la calidad global de la película resultó inferior a su predecesora, si bien la selección de canciones y los números musicales fueron nuevamente de primera línea.

Y para finalizar, para ver lo bien se llevan el cine y el jazz, cabe citar que incluso Disney lo ha usado, aún siendo habitualmente un género musical más cercano al público adulto que al infantil. En Fantasía 2000, una de las historias transcurre en Nueva York al compás de Rhapsody in blue, de Gershwin, tema ya utilizado por Woody Allen al comienzo de Manhattan. El episodio de Disney resultaba muy original y estimulante, ya que era diferente al resto, incluso en el tipo de trazado usado para el dibujo. A pesar de que todas las secuencias están muy logradas y es muy agradable de ver, del mismo modo que en la Fantasía (1942) primigenia quedó para la posteridad el episodio de El aprendiz de brujo, en la secuela, además de repetir esta escena, de las nuevas la más redonda y más innovadora quizá sea esa historia neoyorquina que fluye al son de Rhapsody in blue.

domingo, 5 de noviembre de 2017

American Assassin: no lo hagas personal.

El control de las emociones, ser profesional sin convertir tus relaciones con los demás en algo personal cuando de trabajo se trata, es el tema de trasfondo que toca el thriller de acción y espionaje American Assassin, basada en la novela homónima de Vince Flynn. Un joven estadounidense de vacaciones en Ibiza con su novia, se ve envuelto en un atentado terrorista en el que ella muere. Cegado por la sed de venganza, emprende una cruzada en solitario para localizar y matar a los responsables del ataque. La CIA le sigue los pasos y decide reclutarle.

El director Michael Cuesta, responsable de títulos como Matar al mensajero o El fin de la inocencia, nos trae un trepidante filme de espías con el tema del conflicto nuclear iraní de fondo e introduciendo la figura de los justicieros solitarios. Gente que, por no confiar en las fuerzas del orden, deciden buscar justicia, o venganza, según se mire, por su cuenta. Indagan por internet, se entrenan a conciencia físicamente, se introducen en la internet profunda, aprenden a manejar armas. En definitiva, son como la otra cara de la moneda de los lobos solitarios yihadistas. Las mayores carencias de la película son un mayor perfilado del personaje protagonista y un villano más carismático. Por lo demás, cumple acertadamente con las claves del género para ser un título bastante sólido.

Protagoniza Dylan O’Brien, conocido entre el público juvenil por El corredor del laberinto y la serie televisiva Teen Wolf. Le secunda el veterano Michael Keaton, en el papel de entrenador de la CIA, que se convierte, sin duda alguna, en la auténtica estrella de la película por su carismática veteranía. Les acompañan las actrices Sanaa Lathan y Shiva Negar.

La moraleja que se puede extraer de la película es que resulta muy fácil aconsejar en frío a los demás que actúen de modo objetivo en situaciones complicadas, anteponiendo la razón a las emociones. Pero cuando a uno le toca algo traumático de cerca, resulta difícil llevar la teoría a la práctica. Al fin y al cabo, todos somos humanos y quien más quien menos tiene sus fantasmas pasados y sus esqueletos en el armario.

martes, 31 de octubre de 2017

El punto de inflexión de Clint Eastwood

Los estrenos de Clint Eastwood suelen llegar a la cartelera en otoño, pero este año no tenemos cita con Clint. Su nueva película , The 15:17 to Paris, está en postproducción y se estrenará en 2018. Por eso, cabe recordar que se cumplen 25 años del estreno de su título más emblemático como director: Sin perdón (Unforgiven, 1992), un western crepuscular sobre un ex pistolero a sueldo reconvertido en granjero y ya retirado, que vuelve a coger su revólver para un último trabajo, contratado por un grupo de prostitutas que buscan vengarse de unos indeseables que ultrajaron y marcaron la cara a una de ellas.

Fue, sin duda, un punto de inflexión en su carrera. Con ella logró el reconocimiento de la Academia, alzándose no solo con el Óscar a mejor director, sino que la película fue la ganadora de ese año con un total de cuatro estatuillas, a saber, mejor película, director, actor secundario, para Gene Hackman, y mejor montaje. El galardón de Hackman, sin duda merecidísimo, era el segundo de su carrera. El primero fue por French connection (1971) como mejor actor principal. No obstante, el elenco de Sin perdón es sensacional. Eastwood y Hackman están muy bien acompañados por Morgan Freeman y Richard Harris. De las actrices cabe destacar a Frances Fisher, la cual se vería envuelta en otra película oscarizada unos años después al interpretar a la madre de Kate Winslet en Titanic, que cumplirá en diciembre su vigésimo aniversario.

Sin perdón no solo fue el reconocimiento de la Academia al talento de Eastwood, sino que a partir de esta película, se forjó lo mejor de su filmografía como director, con títulos como Mystic River, Los puentes de Madison, Poder absoluto, Million Dollar Baby, por la que obtuvo su segundo Óscar como director, Gran Torino, Invictus, Sully, y otros filmes, tal vez inferiores a los nombrados, pero igualmente con un nivel de calidad que hacen de Eastwood una apuesta segura para que valga la pena gastarse el dinero en una entrada de cine.

Igual que en sus inicios el western marcó su despegue hacia el estrellato de la mano de Sergio Leone, también fue este género el que dio este giro cualitativo a su carrera, con el que sería su cuarto y último western como director tras Infierno de cobardes (High plains drifter, 1973), El fuera de la ley (The outlaw Josey Wales, 1976) y El jinete pálido (Pale rider, 1985).

miércoles, 25 de octubre de 2017

Los replicantes han vuelto: Blade Runner 2049

Algunas veces, una secuela se esfuerza tanto en no repetirse e innovar, que se acaba alejando totalmente del original. Otras veces, quieren ser tan fieles a la primigenia, que termina por ser reiterativa, más de lo mismo y, por tanto, carente de interés por no aportar nada nuevo. Y a veces ocurre que se alcanza el mágico equilibrio de ser fiel al original y, además, enriquecerlo, resultando innovadora y con personalidad propia. Este es el caso de Blade Runner 2049.

Treinta y cinco años más tarde, vuelven los replicantes a la gran pantalla. La historia nos sitúa treinta años después de los acontecimientos acaecidos en la primera parte. La trama gira en torno al protagonista anterior, Rick Deckard, interpretado nuevamente por Harrison Ford, aunque tarda en aparecer, como Orson Welles en El tercer hombre. Hasta el momento de su ansiada aparición, el peso de la narración recae sobre Ryan Gosling, protagonista de La la land, acompañado por Ana de Armas, vista el año pasado en Juego de armas, y Robin Wright, la otrora amiga del alma de Forrest Gump. Completan el reparto Jared Leto, como villano de la función, Sylvia Hoeks, en el rol de una replicante, mano derecha y ejecutora del personaje de Leto, que reparte estopa como Terminator, y Mackenzie Davis, la carismática programadora de la serie televisiva Halt and catch fire.

Ridley Scott realiza labores de producción, cediendo el relevo de la dirección a Dennis Villeneuve, responsable de títulos como Incendies, Prisioneros o La llegada. El veterano y aclamado compositor Hans Zimmer, comparte el crédito de la música con Benjamin Wallfish, que este año ha tenido otras dos películas en cartel, a saber, It y Figuras ocultas. Entre los dos consiguen una partitura fascinante que crea una atmósfera tan envolvente como la de Vangelis en la película anterior.

La reflexión sobre la humanidad de los replicantes va un paso más allá. El concepto de diferenciar a un replicante de una persona por el hecho de tener o no alma, que a su vez se diferencia por el hecho de nacer o ser fabricado, es muy interesante y suscita el debate. En el filme de 1982, se hablaba de robots, pero también de diseñadores genéticos. El caso es que el concepto de replicante resultaba algo ambiguo. ¿Eran más seres biológicos o más mecánicos? No quedaba tan clara su naturaleza como en otros casos de inteligencia artificial de la época, tales como Terminator o Robocop, por ejemplo. En esta nueva entrega, están más evolucionados y se ve más claramente que son seres biológicos creados en laboratorio, como los dinosaurios de Parque Jurásico. De hecho, el debate de aquella sobre la viabilidad del control mediante la programación genética, también se puede aplicar a Blade Runner 2049. Como decía el matemático Ian Malcolm en Parque Jurásico: «la vida se abre camino».

sábado, 30 de septiembre de 2017

Mudanzas de cine

El cine cuenta historias de todo tipo que abarcan infinidad de temas, desde los más prosaicos hasta los más elevados. Y entre medias, hay de todo un poco. Mudarse de casa es algo que todo el mundo hace o ha hecho en mayor o menor medida, en algún momento de su vida, y el cine no es ajeno a ello. Vamos a verlo a través de cuatro títulos de diferentes épocas.

Los Blandings ya tienen casa (Mr. Blandings builds his dream house, H.C Potter, 1948) es una comedia protagonizada por Cary Grant y Myrna Loy. Un matrimonio acomodado de Manhattan, decide comprar una casa en las afueras para alejarse del bullicio de la gran urbe. Sin embargo, la casa, prácticamente, hay que reconstruirla entera y eso le traerá más de un quebradero de cabeza a los protagonistas.

Descalzos por el parque (Barefoot in the park, Gene Saks, 1968) es una comedia protagonizada por Robert Redford y Jane Fonda, que han sido noticia recientemente por recibir sendos galardones a sus respectivas carreras en el Festival de Cine de Venecia. En esta película de 1968, interpretaban a una joven pareja de recién casados que se mudan a un apartamento muy pequeño, que además es el último piso y sin ascensor. Les secundan Charles Boyer, como un pintoresco vecino, y Mildred Natwick en el papel más divertido y entrañable de la película, interpretando a la madre del personaje de Jane Fonda.

Esta casa es una ruina (Money pit, Richard Benjamin, 1986) es una de las muchas producciones juveniles de Steven Spielberg en los 80. Protaniza Tom Hanks, antes de convertirse en un actor serio a la caza del Óscar, y Shelley Long. Les acompaña Alexander Godunov, a quien se había visto ataviado como un Amish en Único testigo y se convertiría posteriormente en el violento terrorista Karl de La jungla de cristal. Esta casa es una ruina nos presenta a una joven pareja que compra una gran casa a precio de ganga, pensando que con par de arreglos pueden tener una vivienda estupenda, pero los arreglos que requiere y las trampas que la casa tiene, sobrepasa todas sus expectativas. La película está cargada de ironía social, en la que los jóvenes profesionales, preparados, formados y demás, parecen unos pringados frente a los carpinteros, fontaneros, pintores y demás profesionales de la construcción, que marcan los ritmos de trabajo, ponen sus reglas y conducen coches de alta gama.

Ático sin ascensor (5 flights up, Richard Loncraine, 2014) es una agradable comedia crepuscular sobre una pareja que llevan toda la vida juntos en un quinto piso sin ascensor y debido a la edad, se plantean mudarse a un edificio más moderno. Protagonizan Diane Keaton y Morgan Freeman. La película plantea cómo cambian las cosas con el tiempo, a través de la mirada de estos veteranos personajes que han hecho su vida en un barrio que, a la postre, se les antoja irreconocible.

lunes, 4 de septiembre de 2017

El gringo que siempre cumple: Barry Seal

Poner en evidencia las chapuzas, miserias y corruptelas del sistema, a través de historias reales expuestas en clave de humor gamberro, es una fórmula que suele dar buen resultado en la gran pantalla. Es el reverso oscuro de aquellos que nos venden una sociedad feliz, trufada de corrección política ante las leyes y normas para tener controlado al ciudadano medio, mientras las auténticas fortunas y operaciones que mueven el mundo, transcurren en una realidad paralela mediante el narcotráfico y la participación encubierta en conflictos armados.

Con esta mezcla de realidad, humor y denuncia, el mensaje llega al espectador, pero además, se puede pasar un buen rato en el cine en vez de salir de la sala deprimido por abrir los ojos ante la charca emponzoñada en que vivimos. Posiblemente, ese sea el secreto del éxito de este formato. Casos como El señor de la guerra, de Andrew Niccol, o Juego de armas, de Todd Phillips, son buenos ejemplos de esta tendencia.

Siguiendo esta estela, el director Doug Liman, conocido especialmente por El caso Bourne, nos trae ahora una historia real sobre el tráfico de armas y drogas con Barry Seal, el traficante (American made), con Tom Cruise de protagonista, que hace gala de su carisma y buen hacer habituales. Actor y director vuelven a trabajar juntos tras Al filo del mañana.

El personaje protagonista es un piloto de la TWA, cuya gran pericia, y afición al pequeño contrabando, posiblemente para salir del hastío que le producen los rutinarios vuelos comerciales a un talentoso aviador como él, llaman la atención de la CIA, que reclama sus servicios para operaciones de espionaje en Centroamérica. Durante sus vuelos en esas latitudes, es interceptado por el entonces incipiente cártel de Medellín, para el transporte de cocaína a Estados Unidos. Le llamaban " el gringo que siempre cumple" y es que Barry nunca dice que no. Al principio, acepta el dinero, cualquiera que sea su procedencia, por algo por algo tan noble como mantener a su familia, pero en algún momento, se le va de las manos.

Este es el punto en que la película plantea un interesante debate: ¿héroe o villano? La catadura moral del protagonista es más que cuestionable. Sin embargo, es un tipo que no es proactivo en buscar el meterse en líos. No busca hacer lo que hace. No perpetra operaciones por su cuenta. Son los demás quienes, por aprovechar sus cualidades, le hacen proposiciones indecentes, y él se limita aceptarlas. Se lleva bien con todos, a cualquier lado de la ley. Recuerda en cierto modo al personaje de Clint Eastwood en Por un puñado de dólares, solo que en esta ocasión no se trata del salvaje oeste ni de una historia de ficción, sino de un tipo real a finales del siglo XX.

La película goza de un ágil ritmo narrativo y una espléndida ambientación de la época. Los hechos relatados transcurren entre 1978 y 1985. Buena música, y correcta fotografía, además del grafismo retro de los títulos de crédito, son los elementos utilizados con eficacia para transportarnos de nuevo a aquellos años.

martes, 29 de agosto de 2017

La ciudad de los mil planetas de Besson

Hace veinte años, el director francés Luc Besson, estrenaba El quinto elemento, una película de ciencia ficción muy atractiva visualmente y con una delirante combinación de acción y humor muy efectiva, que además contaba con el carisma en pantalla de Bruce Willis y Milla Jovovich. Ahora vuelve a con otra odisea espacial en Valerian y la ciudad de los mil planetas, muy entretenida, muy potente a nivel visual, pero no tan redonda como fue en su momento El quinto elemento.

Luc Besson llevaba tiempo acariciando el proyecto de adaptar al cine los cómics Valerian y Laureline, y finalmente lo ha conseguido. Sin embargo, parece que habría sido más apropiado utilizar el título de la serie de cómics para nombrar la película, ya que Valerian y la ciudad de los mil planetas sugiere que el protagonista absoluto sea Valerian y que la historia gire en torno a su persona, cuando en realidad son tan protagonistas él como su compañera Laureline, que son dos agentes que investigan un caso y la película se centra en el desarrollo de esa trama, sin ahondar en ningún personaje en concreto.

El filme tiene un arranque sensacional. Comienza contando, visualmente con la canción Major Tom de David Bowie sonando de fondo, el origen de la ciudad de los mil planetas, que viene siendo una estación espacial que ha crecido desmesuradamente a través de los siglos, en la que conviven seres de distintas razas y etnias de la galaxia. A continuación, se presentan unos alienígenas que viven en una especie de paraíso de mar y playa, y a la pareja protagonista durante una misión en un mercadillo virtual en medio del desierto. Todo resulta muy atractivo y original. Después llegan a la ciudad de los mil planetas, y a partir de ahí, el desarrollo de la película es el de un filme convencional sobre una investigación policial. Muy bien ejecutada, eso sí, con buen ritmo y un tono general muy fresco, pero las situaciones y el desarrollo resultan más convencionales que el prometedor inicio del metraje.

Protagonizan los jóvenes Dane DeHaan y Cara Delevingne, secundados por veteranos como Clive Owen, Ethan Hawke y Rutger Hauer, aunque, de los tres, Owen es el que más relevancia tiene en la trama. También cuenta con la presencia de la cantante Rihanna, que tiene un original número de baile.

En definitiva, Valerian y la ciudad de los mil planetas es una vistosa, entretenida y fresca aventura espacial, con un planteamiento atractivo y un desarrollo convencional de la historia.