
Un productor de Hollywood tiene que lidiar en una semana, y contrarreloj, con una gran estrella sobre su aspecto físico para comenzar un nuevo rodaje, con el estrambótico director de la película que acaban de terminar para que cambie el montaje de cara a presentar la cinta en Cannes, y con su vida privada que pasa por tener dos ex-esposas y tres hijos. Esto nos cuenta el director Barry Levinson en Algo pasa en Hollywood (What just happened), una sarcástica comedia sobre el estresante, competitivo y frívolo mundo de la fábrica de sueños hollywoodense. El autor de Rain man (1988), El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1986) y La cortina de humo (Wag the dog, 1997), entre otras, pone al descubierto los vicios, caprichos, devaneos y excentricidades de las personas que pululan por la poderosa maquinaria de la meca del cine.
El reparto es de primera: Robert de Niro encarna con gran contención y convicción al productor protagonista. Bruce Willis hace de sí mismo en una estupenda versión de megaestrella estrafalaria, brutal cuando se enfada, y egocéntrica. Sean Penn también hace de sí mismo pero más comedido. John Turturro interpreta de forma magistral a un patético representante de actores consumido por el estrés. Robin Wright-Penn hace correctamente el papel de segunda ex-esposa. Michael Wincott, el Guy de Gisborne de Robin Hood: Príncipe de los ladrones, está genial aquí, metido en la piel de un director extravagante pasado de vueltas. Catherine Keener es la perfecta, fría e implacable ejecutiva de los grandes estudios y Stanley Tucci un guionista en busca de alguien que produzca su libreto.
El único lastre que presenta la película es alguna caída de ritmo durante el metraje y algún chiste con poca chispa. Cuando termina la proyección se sale con la sensación de "podría estar mejor" o "me esperaba algo más", sin embargo empiezas a comentarla con los amigos y empiezan a verse muchos matices e interpretaciones. Entonces uno se da cuenta de que tiene más contenido de lo que parece. Es de esas películas que de entrada no hacen vibrar en la butaca pero que un par de días después aun la recuerdas y le sigues dando vueltas a los pequeños detalles.







