
Una fórmula muy utilizada por Hollywood en la temporada estival, es la de juntar a dos astros del celuloide con buena química en pantalla y hacerles vivir un romance ligero en una situación límite con grandes dosis de acción y comedia. Michael Douglas y Kathleen Turner vivieron exóticas y divertidas aventuras en
Tras el corazón verde (Romancing the Stone, Robert Zemeckis 1984) y en
La Joya del Nilo (The jewel of the Nile, Lewis Teague 1986), o por ejemplo Mel Gibson se unió a Goldie Hawn en una trepidante persecución en
Dos pájaros a tiro (Bird on a wire, Jon Badham 1990). Arnold Schwarzenegger con Vanessa Williams en
Eraser (Chuck Russell, 1996) o Keanu Reeves con Sandra Bullock en
Speed (Jan de Bont, 1994) son otros buenos ejemplos de esta receta veraniega.
James Mangold, director de las interesantes
CopLand (1997) y
El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 2007), aplica esta fórmula para servirnos en este caluroso verano una refrescante ensalada de tiros y risas con Tom Cruise y Cameron Díaz recorriendo el mundo entre balas, chistes y coqueteos. Así es
Noche y día (Knight and day, 2010), una historia de espías llevada al límite de acción y comedia, como
Mentiras arriesgadas (True lies, James Cameron 1994) pero con una envergadura de producción mucho menor que la del mastodóntico film del director de
Avatar. La trama se desencadena por una pila de gran potencia creada por un chico superdotado al que ha captado enseguida el gobierno de Estados Unidos para recluirlo en un lugar supersecreto.
La química entre Cruise y Díaz funciona a la perfección. Tom hace una versión más pícara y desenfadada de su agente Ethan Hunt de
Mission:Impossible y Cameron Díaz se muestra encantadora en todo momento. Jordi Mollá reaparece nuevamente como malo de una comedia de acción tras haberlo visto en
Dos policías rebeldes 2 (Bad boys 2, Michael Bay 2003) haciendo de narcotraficante cubano. Ahora el rol es de traficante de armas español, y le va mejor que el anterior. Sobre la muy comentada secuencia de los San Fermines en Sevilla, sólo decir la secuencia en sí a mí me gustó, con motos y coches pegando tiros entre los toros, al margen de la polémica que pueda suscitar la mezcla de folclore español que tanto le gusta a Tom Cruise. Recordemos que en
Mission: Impossible 2 ya había creado una atmósfera un tanto peculiar combinando la Semana Santa de Sevilla con las Fallas de Valencia.
En definitiva un divertimento sin pretensiones para pasar una divertida tarde de caluroso verano. Cine de evasión en estado puro.
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