En numerosas ocasiones he oído que cuando a Clint Eastwood le preguntaban por sus películas favoritas de su filmografía, y actualmente, ya retirado, también le han preguntado, y siempre salen títulos como Sin perdón, su primer Óscar como director y el inicio de su mejor época como autor, Bird, que para él fue un proyecto personal importante, pero a mí siempre me ha llamado la atención que nombrase El fuera de la ley, porque en mi recuerdo de los westerns que ha dirigido, es de los que menos me impactó cuando lo vi. Habría entendido que citara antes El jinete pálido o incluso Infierno de cobardes, pero para él, este está entre sus favoritas.
La he vuelto a ver hace poco, por si con la perspectiva del tiempo cambiaba mi opinión. Lo cierto que es que la valoro mejor ahora, me parece más buena de lo que recordaba, pero aún así, sigo prefiriendo las antes nombradas. Por ello he indagado un poco, para ver por qué siempre ha figurado entre sus favoritas, y parece ser que El fuera de la ley, como director, fue la primera con la que obtuvo un mayor beneplácito del público. Además, el tema que trata sobre la Guerra de Secesión, es algo que en la cultura estadounidense toca más hondo que el público europeo.
La trama es sobre un granjero llamado Josey Wales, que en la Guerra de Secesión, pierde a su mujer y a su hijo a manos de un comando del norte que saquea su granja. Al perderlo todo, se alista con la milicia sureña y se acaba convirtiendo en leyenda. Terminada la guerra, el bando vencedor ofrece un acuerdo de paz a las guerrillas del bando perdedor, a lo que él se niega y es perseguido como proscrito.
Hace poco nombraba esta película en la reseña de El precio de la red, por una frase muy gráfica que tiene mucho que ver con la falsedad de hoy en día a todos los niveles, cuando la gente te dice una cosa y quiere hacerte ver que algo es maravilloso cuando es claramente lo contrario. El personaje de Fletcher, líder de la milicia a la que se une Wales, cuando le están hablando sobre las condiciones del acuerdo de paz para los guerrilleros que se rindan, le contesta: «Dice otro viejo proverbio: si me orinas encima, no me digas que está lloviendo». Me parece sensacional esta frase, y no me faltan ocasiones en el día a día en las que podría decírsela a unas cuantas personas.
Esta película, que cumple 50 años este año, fue la primera colaboración entre Eastwood y Sondra Locke, y a raíz de la cual iniciaron un romance que duraría hasta 1989 y durante el cual hicieron varias películas juntos.
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