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viernes, 17 de noviembre de 2017

Fotogramas y corcheas se amalgaman en el jazz

«No hay melodía. Trasciende las notas, no es lo que se espera. Se improvisa, como lo de hoy.» Así definía el jazz Tom Cruise en la piel de Vincent, un asesino a sueldo que secuestra a un taxista en el intenso thriller Collateral, de Michael Mann.

Se celebra este mes de noviembre el Festival Internacional de Jazz de Madrid, por lo que se me antoja adecuado dedicar unas líneas en este blog a la estrecha relación que siempre han tenido el cine y el jazz. No en vano, la primera película sonora fue El cantor de jazz. Muchos directores han encontrado en este género musical, el acompañamiento perfecto para sus imágenes. La máxima expresión de ello la tenemos, quizás, en Woody Allen, que ambienta musicalmente la mayoría de sus películas con piezas de jazz. De sobra es conocida su pasión por el clarinete, con el que ensaya todos los días, tanto si está rodando como si no, y lleva años tocando junto a su grupo de amigos jazzistas.

Otro gran director, también muy melómano, es Clint Eastwood. De hecho, toca el piano y en alguna de sus películas, como por ejemplo Poder absoluto, incluye alguna pieza propia. Su afición por el jazz le llevó a dirigir Bird en 1988, con Forrest Whitaker de protagonista, sobre la vida del saxofonista Charlie «Bird» Parker. Y hablando de biografías en el cine, otros biopics sobre figuras de jazz son, por citar ejemplos de diferentes épocas, Música y lágrimas (1954), de Anthony Mann sobre la vida de Glen Miller, encarnado en la película por James Stewart. Más recientemente, está el caso de Ray (2004), de Taylor Hackford sobre Ray Charles, interpretado por Jammie Foxx, que consiguió el Óscar a mejor actor principal con este filme.

Miller pertenece a la época del swing, desarrollando su carrera profesional entre los años 20 y principio de los 40. Sin embargo, Ray Charles nació en 1930 y publicó su primer disco a finales de los 40. Se ha movido entre el jazz , blues y soul, tres estilos musicales cuya línea divisoria es muy difusa. De hecho, no solo él, sino varios artistas coetáneos suyos, también se movían entre estos géneros. A varios de estos grandes músicos y cantantes los podemos ver reunidos en la película Granujas a todo ritmo (1980), de John Landis, una comedia musical gamberra y delirante, en la que los Blues Brothers, Dan Aykroyd y John Belushi, bajo el argumento «estamos en una misión de Dios», tratan de reunir a su antigua banda para dar un concierto con motivo de juntar dinero para salvar de la ruina al orfanato de monjas en el que se criaron. En su periplo nos encontramos con grandes figuras del jazz, blues y soul como Ray Charles, James Brown, Aretha Franklin o Cab Calloway, que protagonizan geniales números musicales.

El filme conoció una tardía secuela en 1998: Blues Brothers 2000. John Belushi había fallecido y fue sustituido por John Goodman. Repitió John Landis como director con prácticamente el mismo esquema narrativo, pero la calidad global de la película resultó inferior a su predecesora, si bien la selección de canciones y los números musicales fueron nuevamente de primera línea.

Y para finalizar, para ver lo bien se llevan el cine y el jazz, cabe citar que incluso Disney lo ha usado, aún siendo habitualmente un género musical más cercano al público adulto que al infantil. En Fantasía 2000, una de las historias transcurre en Nueva York al compás de Rhapsody in blue, de Gershwin, tema ya utilizado por Woody Allen al comienzo de Manhattan. El episodio de Disney resultaba muy original y estimulante, ya que era diferente al resto, incluso en el tipo de trazado usado para el dibujo. A pesar de que todas las secuencias están muy logradas y es muy agradable de ver, del mismo modo que en la Fantasía (1942) primigenia quedó para la posteridad el episodio de El aprendiz de brujo, en la secuela, además de repetir esta escena, de las nuevas la más redonda y más innovadora quizá sea esa historia neoyorquina que fluye al son de Rhapsody in blue.

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