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domingo, 5 de noviembre de 2017

American Assassin: no lo hagas personal.

El control de las emociones, ser profesional sin convertir tus relaciones con los demás en algo personal cuando de trabajo se trata, es el tema de trasfondo que toca el thriller de acción y espionaje American Assassin, basada en la novela homónima de Vince Flynn. Un joven estadounidense de vacaciones en Ibiza con su novia, se ve envuelto en un atentado terrorista en el que ella muere. Cegado por la sed de venganza, emprende una cruzada en solitario para localizar y matar a los responsables del ataque. La CIA le sigue los pasos y decide reclutarle.

El director Michael Cuesta, responsable de títulos como Matar al mensajero o El fin de la inocencia, nos trae un trepidante filme de espías con el tema del conflicto nuclear iraní de fondo e introduciendo la figura de los justicieros solitarios. Gente que, por no confiar en las fuerzas del orden, deciden buscar justicia, o venganza, según se mire, por su cuenta. Indagan por internet, se entrenan a conciencia físicamente, se introducen en la internet profunda, aprenden a manejar armas. En definitiva, son como la otra cara de la moneda de los lobos solitarios yihadistas. Las mayores carencias de la película son un mayor perfilado del personaje protagonista y un villano más carismático. Por lo demás, cumple acertadamente con las claves del género para ser un título bastante sólido.

Protagoniza Dylan O’Brien, conocido entre el público juvenil por El corredor del laberinto y la serie televisiva Teen Wolf. Le secunda el veterano Michael Keaton, en el papel de entrenador de la CIA, que se convierte, sin duda alguna, en la auténtica estrella de la película por su carismática veteranía. Les acompañan las actrices Sanaa Lathan y Shiva Negar.

La moraleja que se puede extraer de la película es que resulta muy fácil aconsejar en frío a los demás que actúen de modo objetivo en situaciones complicadas, anteponiendo la razón a las emociones. Pero cuando a uno le toca algo traumático de cerca, resulta difícil llevar la teoría a la práctica. Al fin y al cabo, todos somos humanos y quien más quien menos tiene sus fantasmas pasados y sus esqueletos en el armario.

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