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martes, 4 de enero de 2011

El rey tartamudo


El discurso del rey (The king’s speech, 2010) nos cuenta las peripecias de Su Majestad George VI cuando tuvo que dar una arenga de gran relevancia al comenzar la II Guerra Mundial. En los albores de la contienda, el rey George V de Inglaterra fallece. Ante la abdicación de su sucesor Edward VIII, el duque de York, siguiente en la línea sucesoria, se corona como nuevo monarca, el rey George VI, pero tiene un gran problema: es tartamudo, lo que le supone un gran hándicap para hablar en público y poder dirigirse a la nación en tiempos difíciles que requieren transmitir seguridad al pueblo. Su esposa busca un logopeda algo excéntrico para resolver la situación.

Sensacional recreación histórica a cargo del televisivo director Tom Hooper, que transcurre en un tono agradable con tintes de drama y comedia. Los actores son excelentes, especialmente los dos principales; Colin Firth en la piel del Duque de York y Geoffrey Rush como su logopeda en un tour de force interpretativo muy interesante. Firth, habitual en comedias británicas de esta última década, como El diario de Bridget Jones (2001) o Love Actually (2003), hace el papel de su vida y Rush, al que sientan como un guante los personajes ambiguos pero graciosos que conectan bien con el público, como El sastre de Panamá (2001) ó Shakespeare in love (1998), encuentra en este rol del estrafalario profesor de dicción un nuevo personaje hecho a su medida que encarna con gran presencia en pantalla. Helena Bonham Carter, habitual del cine de Tim Burton, resulta también muy convincente como abnegada esposa del monarca. Guy Pierce, protagonista de Memento y L.A. Confidential, da vida con soltura al frívolo hermano del protagonista, Edward VIII, que renuncia al trono por motivos personales.

Hay directores que experimentan técnicas en películas de época para hacerlas diferentes de otras y que no parezcan meros frescos históricos. Por ejemplo Stanley Kubrick utilizó un objetivo especial para baja luminosidad, diseñado en principio para la NASA, persiguiendo el fin de rodar con luz de velas los interiores de Barry Lyndon (1975). O más recientemente Michael Mann rodó en digital Enemigos públicos para meter al espectador de lleno en la acción de policías y gangsters durante los años 30. En El discurso del rey la fotografía algo difuminada y la frecuente utilización de lentes de gran angular confieren al film su identidad visual propia. Asimismo el hábil uso de selectas piezas musicales para subrayar determinados momentos, pone la guinda al pastel. El clímax alcanzado en el momento de pronunciar el famoso discurso, recuerda en cierto modo al del estreno de la Novena Sinfonía en Copying Beethoven.

En definitiva El discurso del rey es una emocionante historia de superación personal y amistad con brillantes intérpretes y un acabado formal de gran calidad.

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Reseñada en Sensacine

martes, 28 de diciembre de 2010

Dentro del ordenador


Si en 1999 los hermanos Wachowski sorprendían con Matrix por mostrarnos el mundo virtual dentro los sofisticados ordenadores de un futuro apocalíptico, habría que buscar un precedente en Tron, de Steven Lisberger, una producción Disney de 1982 muy innovadora en su momento visualmente, pero también algo incomprendida, lo cual motivó que no le fuera demasiado bien en la taquilla, pero que sin embargo con el tiempo se ha convertido en película de culto. En ella Jeff Bridges interpretaba a Kevin Flynn, un programador de videojuegos al que la poderosa compañía ENCOM ha robado sus ideas. Una noche intenta acceder al control central de la empresa y es absorbido e introducido literalmente en el espacio digital del sistema, donde debe sobrevivir a peligrosos juegos a vida o muerte.

28 años después llega a las pantallas Tron: Legacy (Joseph Kosinski, 2010), la secuela de aquella gran aventura informática. Kevin Flynn, convertido en directivo de ENCOM, desaparece una noche y 20 años después su hijo Sam recibe un mensaje proveniente de la antigua sala recreativa de su padre. Al acudir es abducido por el sistema e irá en busca de su progenitor a través del hostil mundo virtual, que se ha vuelto más sofisticado y más violento que nunca.
Bajo un extraordinariamente vistoso envoltorio high tech subyacen temas de interés como las relaciones paternas filiales, y el desbocado afán perfeccionista que en la búsqueda obsesiva de una perfección inalcanzable, puede hacer que un sueño se convierta en pesadilla. De todas formas estos mensajes pasan a un segundo plano en aras de la acción y la aventura, pero aun así están ahí presentes.

Las avanzadas técnicas de maquillaje digital, que ya pudimos disfrutar en El curioso caso de Benjamin Button para ver a Brad Pitt a distintas edades, sirven aquí para que el propio Jeff Bridges pueda salir tanto con su aspecto actual como con el que tenía en el primer film. Tron: Legacy es impresionante visualmente. Si algo necesitaba la cinta original era una puesta al día de los efectos digitales y desde luego se ha cumplido con creces. En lo que no ha ganado tanto es en su concepto. Hoy en día la informática, la realidad virtual y el ciberespacio son nociones que están bastante asumidas dentro de la cultura popular pero que a principios de la década de los 80 no estaban tan extendidos, y en el cine se trataban con una cierta ingenuidad parecida a cómo se hablaba de la radiactividad en la ciencia ficción de los años 50. La gran debilidad de esta película reside en que puede chirriar al público del año 2010 el tratamiento conceptual del mundo informático que se maneja. Si bien la primera parte era innovadora en su propuesta, esta secuela no tiene ese mismo efecto adaptado a los tiempos que corren. No obstante la cinta es muy ochentera en prácticamente todos sus aspectos, tanto musical como estético. En este sentido resulta muy nostálgica para muchos, entre los que me incluyo.

En general Tron: Legacy es un entretenimiento de alta tecnología con aires retro, muy trepidante que ha sabido aprovechar de forma magistral los avances en efectos digitales para hacer un lavado de cara al aspecto visual del fascinante mundo retratado en su ahora envejecido modelo original.



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Reseñado en Sensacine

sábado, 18 de diciembre de 2010

Bienvenidos al club


Una chica de pueblo con una voz impresionante se va a la ciudad de Los Ángeles para triunfar. Casualmente empieza a trabajar de camarera en un club regentado por una veterana artista, que pasa por un momento delicado para mantener abierto el local. Esto es Burlesque (Steve Antin, 2010), un punto de partida similar al de El bar Coyote (Coyote Ugly, David McNally 2007) combinado con una escenografía en la línea de Cabaret (Bob Fosse, 1972) y la poderosa voz de Cristina Aguilera secundada por la imponente presencia de Cher. Entre los secundarios destaca Stanley Tucci como amigo y brazo derecho de la diva protagonista, algo parecido a lo que ya hizo junto a Meryl Streep en El diablo viste de Prada (The devil wears Prada, David Frankel 2006). También se puede reconocer bajo la pintura cabaretera a Alan Cumming, el inolvidable Rondador Nocturno de X-Men 2 (Bryan Singer, 2003).

El habitual actor Steve Antin, recordado por muchos como Troy Parker en Los Goonies (The Goonies, Richard Donner 1985), escribe y dirige el debut como actriz de Christina Aguilera en la gran pantalla. Se trata de un musical muy dinámico con buenas canciones, vistosas coreografías, mucho ritmo y una historia y personajes plagados de clichés. La falta de originalidad pesa más al principio de la película cuando se presentan los protagonistas, pero a medida que va avanzando el metraje la fuerza de los números musicales va in crescendo, envolviendo al público, y finalmente uno sale de la sala con muy buenas vibraciones.

Igual que el pasado verano veíamos en Los mercenarios a Stallone dando el relevo generacional a Jason Statham como nuevo héroe de acción con una típica historia del género, aquí es Cher quien da paso a Christina Aguilera como nueva actriz/cantante, donde lo que prima, igual que en el caso anterior, no es la originalidad de la historia sino las habilidades de los protagonistas.

En general Burlesque es un gran divertimento colorista bien realizado, que permite al espectador pasar un rato agradable y salir del cine con una sonrisa.



Sensacine ha convocado a sus colaboradores y seguidores a ver la película, en cooperación con Sony Pictures, el pasado 15 de diciembre en Madrid.


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lunes, 6 de diciembre de 2010

Espías de verdad


No sólo de acción ficticia vive el género del espionaje. También las historias reales pueden ser interesantes, tal como demostró Robert de Niro en El buen pastor, sobre los inicios de la CIA. El director de El caso Bourne (The Bourne identity, 2002) nos trae ahora una historia real de espías más actual en Caza a la espía (Fair game, Doug Liman 2010), el polémico asunto del matrimonio formado por la agente de la famosa Agencia Valerie Plame y el diplomático Joe Wilson, que se vieron expoliados ante la opinión pública debido al artículo que Wilson escribió denunciando que el resultado de unas investigaciones, en relación al plan armamentístico de Irak, había sido falseado por el gobierno. Se trata de una historia de dos personas que por enfrentarse al sistema tuvieron que luchar por salvar su matrimonio y su imagen personal.

Liman consigue un sólido thriller político con dos pesos pesados de la actuación como son Sean Penn y Naomi Watts. Si bien la química entre ellos como pareja en la ficción podría ser discutible, las interpretaciones que hacen de sus respectivos personajes por separado funcionan a la perfección.

El propio director se ha encargado también de la fotografía confiriendo una tonalidad fría al conjunto de la cinta, quizá un poco en la línea de The international, otra de espías que también contaba con la presencia de Watts. En cuanto a la dirección quizá lo que puede flojear un poco es el estilo de cámara en mano, que si bien en una película de acción encaja bien, en esta ocasión hay veces que se hace algo innecesario y puede resultar un poco forzada. No obstante el ritmo de montaje es bueno y el film mantiene el interés durante todo el metraje.

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domingo, 28 de noviembre de 2010

El peregrino americano


Un oftalmólogo de California, interpretado por Martin Sheen, recibe la noticia de que su hijo ha muerto en los Pirineos cuando iniciaba el Camino de Santiago. El hombre a sus 60 años y una vida acomodada, decide emprender el peregrinaje acompañado por las cenizas de su hijo. A lo largo de la travesía se le irán uniendo un holandés que quiere perder peso, un escritor irlandés bloqueado y una canadiense que quiere dejar de fumar y desconectar de su pasado.

El veterano actor Martin Sheen, de ascendencia española e irlandesa, tenía gran interés por conocer el Camino de Santiago y le propuso a su hijo Emilio Estévez que escribiese y dirigiera una película sobre ello. El resultado de esta colaboración entre padre e hijo es The Way (2010), un film muy agradable de ver lleno de emociones. Las sonrisas se mezclan eficazmente con la melancolía y la tristeza a lo largo del extenso paseo por el norte de España. El director conserva ese tono equilibrado que ya demostró en Bobby (2006), una película coral sobre la noche que asesinaron al senador Robert Kennedy, de forma que muestra el alma humana de un modo natural, sin grandilocuencias estéticas ni estridencias auditivas, simplemente con las interpretaciones contenidas de los actores, plagadas de sutilezas llenas de contenido que trascienden el mero gesto. De la misma forma también contribuye a ese tono naturalista la sobria fotografía empleada para retratar los maravillosos paisajes españoles, unida a una acertada selección de canciones. El propio Emilio Estévez hace el papel del finado hijo del doctor en apariciones oníricas a lo largo del viaje. Si bien se muestra en imagen de forma limitada, la presencia del personaje se hace manifiesta durante todo el metraje, algo que recuerda al periplo por motivos profundamente personales de Up, donde el recuerdo de la difunta esposa del anciano protagonista lo acompañaba durante toda la expedición.

La estructura narrativa es prácticamente lineal. Sólo al principio hay un par de flashbacks de conversaciones del protagonista mantenidas con su hijo, pero una vez que comienza la andadura jacobea todo evoluciona en la misma dirección, tanto la historia como los personajes. La planificación de montaje es sencilla: en cada parada que hacen hay alguna anécdota y estas escenas están unidas por secuencias de los caminantes paseando por hermosos paisajes, que si bien son imágenes muy bonitas en algún momento pueden resultar algo repetitivas. Salvo esto y algún detalle cultural que se antoja poco documentado, esta coproducción entre España y Estados Unidos es muy interesante y muy amena en su visionado. Una buena historia sobre la amistad y la búsqueda de la verdad, de respuestas y de uno mismo.

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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Acrobacias ferroviarias


Tras el thriller de acción Asalto al tren Pelham 123 el tándem Tony Scott / Denzel Washington vuelve a unirse en otra aventura sobre raíles en Imparable (Unstoppable, Tony Scott 2010). Inspirada en hechos reales, nos cuenta la peligrosa situación vivida por los habitantes de Pennsylvania, cuando un tren de gran tonelaje cargado de material tóxico e inflamable inició una infernal carrera sin control hacia una zona densamente poblada, todo debido a la negligencia de un torpe empleado de la compañía ferroviaria. Ese mismo día un joven jefe de tren asiste a su primera jornada laboral en compañía de un veterano maquinista, cuya experiencia pondrá al servicio de la causa para ayudar a frenar el convoy y evitar así la tragedia.

Cine de acción en clave de película de catástrofes con una puesta en escena espléndida, unos actores carismáticos y un guión que apenas se ha esforzado en crear personajes interesantes. Los protagonistas de la historia funcionan bien y tienen fuerza por los propios actores que los interpretan, pero no pasarán a la historia por los diálogos que el guionista escribió para ellos. Al tratarse de una situación límite con gente corriente y no de un thriller de acción con tipos duros diciendo chulerías, quizá daba más juego para conceder algo más de calado dramático a los personajes aunque el tono de la película sea de mero entretenimiento.

Al igual que en Training day (Antoine Fucqua, 2001) Denzel Washington hace el papel del veterano que acompaña al novato en su primer día de trabajo, sólo que en esta ocasión es un íntegro y honrado ferroviario mientras que en el papel que le valió el Oscar jugaba el rol de policía corrupto. Su presencia en el film es suficiente para aportar interés a lo que su personaje hace en cada momento. Curiosamente la primera vez que Scott y Washington trabajaron juntos fue en Marea Roja (Crimson Tide, 1995), en la que Denzel era el joven y Gene Hackman el perro viejo, todo un tour de force interpretativo entre ambos astros de la pantalla. Por otra parte Chris Pine, el joven capitán Kirk en la precuela de Star Trek, no se deja hacer sombra por su imponente compañero de reparto y resulta más que correcto. También cabe destacar la presencia de Rosario Dawson, también muy convincente como la coordinadora de operaciones.

El ritmo del metraje es frenético, como cabía esperar, y mantiene la tensión desde el principio hasta el final. El visionado de la cinta es muy potente tanto por sus imágenes como por la edición del sonido.

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jueves, 11 de noviembre de 2010

La experiencia galáctica


El pasado mes de septiembre saltó a los medios la noticia de que George Lucas planea reestrenar la saga Star Wars en 3D. Personalmente no me parece a priori que vaya a otorgar valor añadido a la mítica serie cinematográfica, pero supongo que para los fans de las tres dimensiones será interesante que la película revolucionaria de los efectos especiales y el aspecto visual de la space opera hace 33 años, se ponga al día con las nuevas tendencias.

Recientemente he visto en pocos días las seis películas en orden cronológico, empezando por el primer episodio y terminando con el sexto. Un visionado muy interesante sin los prejuicios creados en su momento por las inevitables corrientes de opinión generadas durante los estrenos de la nueva trilogía y la edición retocada de la antigua, por comparación entre ambas. Es curioso que durante muchos años el protagonista de La guerra de las galaxias era Luke Skywalker, pero ahora viendo la serie completa realmente la obra cumbre de Lucas es la trágica historia de Anakin Skywalker, un niño que siendo esclavo llegó a caballero Jedi y se pasó al lado oscuro por sentimientos descontrolados de amor y miedo, convirtiéndose en Darth Vader, un ser despiadado que acabará redimiéndose al final de su vida salvando a su hijo de las garras de la muerte.

Con la ampliación de 3 a 6 episodios creo que el personaje que ha salido peor parado ha sido el de Luke Skywalker interpretado por Mark Hamil. Se presentaba en el episodio 4 como un chico de pueblo con ansias de aventura, que vive en la granja de sus tíos en un remoto planeta. Tras su encuentro con dos androides perseguidos por el imperio, se acaba involucrando en la lucha contra la tiranía en la galaxia y llega a convertirse en caballero Jedi, al igual que su padre en el pasado, y a liderar la resistencia contra el emperador. Ya entonces, a pesar de ser un personaje tan sustancioso, se veía a veces eclipsado por Han Solo, un carismático contrabandista estelar encarnado con gran magnetismo por Harrison Ford. Incluso en el episodio 5 la entrada en escena de Yoda, el maestro Jedi, fue también un gran competidor ya que teniendo un papel muy secundario se convirtió en todo un icono dentro de la saga. Y por supuesto también está Darth Vader, uno de los mejores villanos de historia del cine, muy carismático, pero al fin y al cabo se trataba del malo de la función. Con la nueva trilogía el personaje de Yoda se hace omnipresente en la historia y Darth Vader de joven, llamado Anakin Skywalker en la piel de Hayden Kristensen, se convierte en el protagonista de la serie.

Por tanto la llegada de la trilogía sobre los inicios del imperio galáctico supuso un cambio en la mítica space opera de Lucas conocida hasta el momento, no sólo a nivel técnico sino también conceptual sobre la lectura que se puede hacer de la misma. Ahora llega una nueva vuelta de tuerca tecnológica con la moda del 3D, aunque esta vez no parece que vaya a incluir ningún elemento nuevo a la historia, tan sólo será cuestión de adaptar el formato. Una nueva forma visual para disfrutar una vez más de la antológica experiencia galáctica.