La primera película que vi de Clint Eastwood en cine fue El jinete pálido. Me causó un gran impacto, no solo por ser un niño entonces y que se trataba de una gran película, sino porque en ese momento, mi concepto del western eran los clásicos de Hollywood que veía por la tele y John Wayne era el vaquero por excelencia. Eastwood me llamó la atención, primero por el apellido, y además fue como un descubrimiento ver que era un vaquero moderno, el sustituto de John Wayne.
A partir de ahí lo he seguido siempre. Empecé a ver sus películas anteriores en vídeo y en la tele, como las que hizo con Sergio Leone o con Don Siegel.
En los 90 ya iba asiduamente al cine y coincidió con la primera década dorada de Clint Eastwood como cineasta, su primer Óscar con Sin perdón y otro títulos memorables como Un mundo perfecto, Los puentes de Madison o Poder absoluto. En la siguiente década ganó su segundo Óscar por Million dollar baby y destacan otros títulos de su filmografía como Mystic river o Gran Torino.
Y ya en su última época nos ha brindado joyitas como Richard Jewell, Mula o Jurado número 2, su última película. Ha sido un incombustible del séptimo arte, pero aun así hay que parar en algún momento y ha sido ahora, a los 96 años. Muchas gracias por todo, señor Eastwood, y disfrute de una más que merecida jubilación.

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