El monumental éxito de Torrente presidente ha traído de vuelta a la primera línea de la actualidad cinematográfica la comedia de humor grueso, gamberro y escatológico que tantos momentos de risas nos trajo en otros tiempos, cuando las comedias de Mel Brooks o las de los hermanos Zucker junto a Jim Abrahams, eran una constante en la cartelera. Por eso creo que es un buen momento para revisitar algunos clásicos de este género. A colación de esto me gustaría rescatar en este post dos títulos de los años 70: Le llamaban Trinidad, de 1970, y Sillas de montar calientes, de 1974. Ambas películas son parodias del cine del oeste donde la mugre, los pedos y los eructos son la base del humor que sustenta la trama.
Le llamaban Trinidad es una producción italiana dirigida por E.B. Clucher que parodiaba el spaghetti-western, género inaugurado por su compatriota Sergio Leone seis años antes en Almería. La protagonizaban Terence Hill y Bud Spencer, que si bien habían trabajado juntos anteriormente, fue realmente con esta película con la que se inició uno de los tándem artísticos más famosos de los años 70 y principios de los 80. Esta película sentó las bases de las comedias de peleas y humor naif que ambos protagonizaron, como por ejemplo, Y si no, nos enfadamos, Quien tiene un amigo tiene un tesoro, Dos superpolicías, y unas cuantas más. Además, esta película dio una canción mítica, que incluso la utilizó Tarantino en Django desencadenado. Y por supuesto, un éxito como este tenía que dar lugar a una secuela: Le seguían llamando Trinidad.
Sillas de montar calientes, por su parte, es una producción estadounidense del rey de la parodia, Mel Brooks, pero curiosamente esta no le salió tan redonda como otras tales como El jovencito Frankenstein, La loca historia del mundo o La loca historia de las galaxias. No obstante, escenas como el sheriff negro tomándose a sí mismo como rehén o el grupo de vaqueros ventoseando mientras cenan alrededor de una hoguera, están muy conseguidas. Es graciosa, es divertida, pero obviamente, no es un título tan mítico como el del tándem Hill-Spencer.


No hay comentarios:
Publicar un comentario