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viernes, 31 de agosto de 2018

¡«Mamma mia», vaya fiesta!

Se termina agosto y qué mejor forma de acabar el periodo vacacional que con una refrescante fiesta en un cine de verano. Mamma mía! Una y otra vez es la película adecuada para ello. Paisajes griegos y coreografías a ritmo de Abba, todo un pelotazo de buen rollo.

La primera parte, Mamma mía!, era la adaptación al cine del musical homónimo y fue dirigida en 2008 por Phyllida Lloyd, que suponía su debut como directora para la gran pantalla tras dirigir una «TV Movie». La historia es la de una joven llamada Sophie, que va a casarse e invita a la boda a los tres hombres que podrían ser su padre, ya que su madre, Donna, nunca estuvo segura de cuál de los tres era.

Diez años después llega la secuela: Mamma mía! Una y otra vez, que mantiene el tono de «feel good movie» de su predecesora, es decir, de película que te hace sentir bien. En esta ocasión, se hace un recorrido por el pasado, por la historia de cómo Donna conoció a los tres hombres de su vida, mientras en el presente, Sophie está a punto de reabrir el resort de su madre, convertido ahora en el hotel que Donna siempre soñó con tener, un año después del fallecimiento de esta.

Dirige esta vez el guionista británico Ol Parker, la que es su tercera película como director. Narrativamente llama la atención la fluidez y nitidez con que maneja los saltos temporales entre las dos épocas que relata y que se entremezclan durante todo el metraje. Técnicamente, también resultan llamativas algunas de las transiciones usadas para estos cambios. Él mismo también se ha encargado del guión del filme.

Repite Amanda Seyfried en el papel de Sophie, así como Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgard como sus tres presuntos padres y Julie Walters y Chritine Baranski como las amigas de Donna. Para la reconstrucción histórica, el papel de Donna en versión juvenil, recae en Lily James, quien había destacado en el elenco de Baby Driver y aquí defiende con gran convicción el carismático personaje encarnado por Meryl Streep en la primera entrega.

Las relaciones entre padres e hijos siguen estando de trasfondo, como en su predecesora, aunque quizá en esta tengan algo más de calado dramático, a pesar de que lo fundamental sigue siendo el lúdico espectáculo musical. Canciones, bailes, humor, amor, pero sobre todo, muy buenas vibraciones.

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