
¿Qué pasaría si en vez de tener que acicalarnos para salir de casa todos los días pudiésemos conectarnos a un sillón de realidad virtual, como si fuera Matrix, y desde ahí dirigir a un robot que hiciese las cosas por nosotros y además ofreciese a la sociedad una imagen perfecta de nosotros mismos? Este es el tema que trata Los sustitutos (Surrogates, Jonathan Mostow, 2009). La comodidad de estar en zapatillas actuando con la mente, sin preocuparse de hacer el más mínimo esfuerzo físico, puede crear adicción, y eso llevado al extremo nos puede conducir a la deshumanización de la especie. Las relaciones se deterioran en favor de las interacciones artificiales entre los respectivos sustitutos mecánicos.
Este mundo en el que los humanos se hacen cada vez más sedentarios y más dependientes de las máquinas, un poco al estilo de la sociedad de gordos que presentaba Wall-E, es retratada en esta película a través de una trama policiaca en la que un agente del FBI investiga la misteriosa muerte de un operador, es decir, una persona que muere en su casa al ser atacado su doble robótico en la calle.
Protagoniza el carismático Bruce Willis, soportando todo el peso protagonista, aunque está secundado por rostros conocidos como James Cromwell, el granjero de Babe, el cerdito valiente (Babe, Chris Noonan 1995), Ving Rhames, compañero de Tom Cruise en la saga Mission:Imposible, o Rosamund Pike, chica Bond en Muere otro día (Die another day, Lee Tamahori 2002).
Muy entretenida película del autor de la estupenda Breakdown (1997) y la fallida Terminator 3. La rebelión de las máquinas (Terminator 3: Rise of the machines, 2003). Los efectos especiales son adecuados, aunque sin alardear demasiado, y el ritmo narrativo correcto, guardando un buen equilibrio entre la investigación policial y las escenas sentimentales en torno a la vida privada del protagonista.