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miércoles, 11 de julio de 2018

Sicario, de nuevo contra los cárteles mexicanos

El canadiense Dennis Villeneuve, responsable de la secuela Blade Runner 2049, nos trajo en 2015 la película Sicario, protagonizada por Josh Brolin, Benicio del Toro y Emily Blunt. El argumento giraba en torno a una operación de la CIA contra los cárteles de la droga mexicanos en la frontera con Estados Unidos.

El mismo equipo de producción nos trae ahora una secuela: Sicario, el día del soldado, con los mismos protagonistas, salvo Emily Blunt. Brolin y Del Toro retoman sus personajes, un agente de la CIA con una misión que cumplir y un sicario colaborador habitual. En esta ocasión, la actividad de los cárteles en la frontera se ha recrudecido y ahora ayudan a terroristas islamistas a entrar en Estados Unidos. La CIA se plantea hacer que los cárteles se enfrenten entre ellos para debilitar su poder. Para ello, montan un operativo para secuestrar a la hija de uno de los narcotraficantes más importantes, con el fin de culpar a sus competidores.

Esta vez, los productores han contado con el director italiano Stefano Sollima, curtido en series de televisión policiacas. El guión es de Taylor Sheridan, actor que debutó como guionista precisamente con la primera entrega de Sicario, al que seguirían los libretos de Comanchería y Wind River antes de esta secuela.

El tono de Sicario, el día del soldado mantiene una continuidad totalmente armónica con la primera parte. El tipo de fotografía empleado y la música inquietante, casi omnipresente en todo el metraje, son dos constantes que le dan una uniformidad tonal a la saga. Por otra parte, aunque el ritmo narrativo es prácticamente el mismo, y a pesar de un par de situaciones resueltas de un modo algo forzado, la narrativa en conjunto resulta más fluida y redonda en esta secuela que en su predecesora. Un destello de redención en el personaje de Benicio del Toro, lo hace más cercano al espectador, a falta del contrapunto positivo que suponía el personaje de Emily Blunt en la primera película, para arrojar algo de luz en medio de la oscura ambigüedad moral que envuelve a ese sórdido universo que es la guerra sucia contra el aún más sucio negocio del narcotráfico.

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