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domingo, 8 de marzo de 2015

Irlanda, tierra hostil

Un sacerdote católico en una localidad rural de Irlanda recibe en el confesionario a un individuo que amenaza con matarle al domingo siguiente. Así comienza Calvary, segundo largometraje escrito y dirigido por John Michael McDonagh tras El irlandés.

El director y guionista muestra sin concesiones el lado más oscuro de la sociedad de un pequeño pueblo irlandés, en apariencia pacífico e idílico, que en realidad está plagado de almas desgarradas, mediocridad, traumas, violencia psicológica, envidias y libertinaje. Una emponzoñada atmósfera social que contrasta con la belleza natural de sus agrestes paisajes dominados por una espectacular playa ideal para surfistas y las verdes montañas bajo el cielo gris.

En medio de este caótico panorama el cura protagonista pulula por las calles del pueblo durante una semana enfrentándose no sólo a los prejuicios de los demás contra él sino también a sus propios fantasmas, a su pasado, sabiendo que uno de sus feligreses quiere acabar con él. Una especie de Solo ante el peligro donde la estrella de latón se sustituye por una sotana, la cobardía por anticlericalismo, y un pueblo americano del siglo XIX por otro irlandés del siglo XXI.

Protagoniza Brendan Gleeson con una soberbia interpretación que carga con todo el peso de la historia. La realización es espléndida, con unos encuadres que retratan la sobriedad de la vida del protagonista o la volatilidad y fragilidad de otros personajes. También destaca el uso que hace de los primeros planos, así como el tono afable que adopta, de manera que el film en sí no resulta desagradable a la vista a pesar de lo sórdidos que resultan la mayoría de los personajes. McDonagh acierta en un difícil equilibrio de tono para que la película resulte agradable de ver sin ocultar la oscuridad que nos quiere mostrar. Del mismo modo el montaje goza de un ritmo idóneo para el relato, ni muy lento ni muy acelerado. Se mantiene el interés en todo momento.

Por tanto nos encontramos ante un thriller mezclado con retrato de sociedad rural, y aderezado con algunas pinceladas de humor negro que oxigenan el ambiente de vez en cuando. Una película que pone sobre el tapete temas controvertidos como la pederastia, el suicidio, la corrupción financiera o los malos tratos, y da mucho juego para entablar un debate sobre la naturaleza humana, la trascendencia y el sentido de la Fe. Este elevado contenido se ve amparado por un tratamiento cinematográfico sólido basado en contundentes interpretaciones, especialmente la de Brendan Gleeson, y un hábil uso de planos y encuadres por parte de su director

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