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miércoles, 6 de julio de 2016

Bienvenido al país de los gigantes

Spielberg lleva a la gran pantalla el imaginario del autor de cuentos Roald Dahl con la adaptación de Mi amigo el gigante (The BFG). La historia de una niña huérfana que una noche ve a un gigante y éste se la lleva para que no pueda delatarlo, llevándola al país donde él habita. En un lugar poblado por gigantes robustos y primitivos que devoran niños, el protagonista del film es un gigante enclenque, más pequeño que los demás, anciano y repudiado por los más fuertes. Es un forjador de sueños, un poeta que habita entre depredadores. A pesar de su existencia tan poco alentadora, es un ser entrañable, de gran corazón, de forma que entre él y la niña nacerá una profunda amistad.

Una película dirigida por Steven Spielberg es ya, desde hace décadas, una garantía de calidad. Unas películas le salen más redondas que otras, pero todas cumplen unos mínimos de aportar algo positivo para que valga la pena pagar la entrada. Mi amigo el gigante cumple con esas expectativas, si bien hay que decir que no es de las mejores del Rey Midas de Hollywood.

El film tiene a favor unas interpretaciones sensacionales de la pareja protagonista: por un lado Mark Rylance, con quien Spielberg ya trabajó en El puente de los espías, por la que recibió el Oscar Mejor Actor de Reparto, en la piel del gigante que da título al film. Por otro lado su partenaire en la pantalla, la niña Ruby Barnhill, que debuta en cine con este film. Cabe destacar entre los secundarios a la veterana actriz británica Penelope Wilton en el papel de la Reina de Inglaterra, muy reconocible especialmente para los seguidores de la serie televisiva Downton Abbey. En cine se le ha podido ver en títulos como El exótico hotel Marigold o Match Point.

La película es técnicamente deslumbrante, como cabía esperar del maestro Spielberg, si bien no sólo en la ejecución de los efectos visuales, sino también en la conceptualización visual, de manera que crea un universo particular que consigue envolver al espectador y hacerle vivir ese mundo imaginario.

Ahora viene la gran pregunta: si tiene buenas interpretaciones y visualmente es absorbente, ¿por qué la película no resulta redonda? Tras un arranque muy bueno, que nos introduce de lleno en el mundo de la niña protagonista, y un desenlace frenético, con ecos de los clásicos Disney como Mary Poppins o La bruja novata, Mi amigo el gigante tiene un tramo central de metraje que resulta excesivamente descriptivo y en el que la historia apenas avanza. Resulta muy poético visualmente, pero se nota que la caída de ritmo en la narración lastra el resultado global del film. La película dura dos horas, y en mi opinión, creo que le sobra metraje en esa parte central de excesivo regodeo descriptivo.

Con todas y con esas, Mi amigo el gigante es una película muy agradable de ver, con personajes de buen corazón, con una historia de amistad pura e incondicional, con la ingenuidad propia de los cuentos, y con un tratamiento gráfico que consigue momentos de gran belleza visual.