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domingo, 22 de marzo de 2015

Las operaciones de la CIA y sus consecuencias

Un veterano agente de la CIA vive retirado en Suiza. Un buen día un antiguo colega le pide que regrese para una última misión aparentemente sencilla, que finalmente resulta ser más complicada de lo que parece, con la guerra de Chechenia como telón de fondo.

La conspiración de Noviembre (The November man) es un entretenido thriller de espías con Pierce Brosnan de protagonista, el otrora agente 007, secundado por Olga Kurylenko, que fue chica Bond junto a Daniel Craig en Quantum of solace. Dirige Roger Donaldson, un solvente cineasta cuya filmografía está llena de títulos que sin ser grandes películas han sido resueltas con oficio, y que envejecen bien ya que aun hoy en día se dejan ver con agrado a pesar del paso de los años. Algunos de estos films son Cocktail, Un pueblo llamado Dante's Peak, No hay salida, o Motín a bordo.

El caso que ahora nos ocupa tiene todos los ingredientes clásicos y efectivos de las películas de espías: tramas conspiratorias internacionales, giros de guión inesperados, agentes dobles, asesinos profesionales, persecuciones, tiros, explosiones, etc. Todo ello montado con buen ritmo narrativo y musicalizado con una vibrante partitura de Marco Beltrami, compositor responsable de la música de películas como La entrega, La Jungla 4.0, Lobezno inmortal, En tierra hostil, o El tren de las 3:10, por citar algunos ejemplos.

Es un film de acción física y pirotécnica a la antigua usanza, sin alardes digitales, entretenida y correctamente interpretada.

jueves, 19 de marzo de 2015

Superespías del servicio ultrasecreto

En la trastienda de la sastrería Kingsman se encuentra la agencia de espías más secreta del mundo. Una organización que desde Londres opera al margen de todos los gobiernos para mantener el equilibro mundial. Visten, hablan y viven como caballeros pero cuando entran en acción son más letales que un Terminator.

Kingsman: Servicio secreto es la nueva película de Mathew Vaugh, director de Kick Ass y X-Men: Primera generación. En este caso adapta la novela gráfica homónima de Mark Millar y Dave Gibbons. Es divertida, trepidante y delirante. Es precisamente en su delirio donde se encuentran su mayor virtud y su mayor defecto. Virtud porque le otorga ese punto de irrealidad y de universo paralelo que hace atractivo el mundo de los espías sofisticados en el cine, del cual 007 es el paradigma. Defecto porque el exceso de ese delirio le lleva a extremos en los que el regodeo en la violencia gratuita, así como algún que otro detalle obsceno y de mal gusto, le resta puntos al planteamiento inicial glamouroso propio de la saga Bond y le hace parecerse más al exceso tarantiniano de Kill Bill.

Guiños, bromas y homenajes al cine de espías hacen las delicias de los aficionados al género. Por otra parte el elenco de actores es muy sólido. Encabeza el reparto Colin Firth, muy adecuado en su papel de agente veterano con su porte de caballero británico. Le acompañan Mark Strong y Michael Caine como su compañero técnico y jefe respectivamente. Samuel L. Jackson es el villano megalómano de la función, muy en su línea. En un papel secundario encontramos a Mark Hamill, el otrora Luke Skywalker a quien veremos de nuevo en Star Wars VII a final de año, que en esta película hace de profesor universitario y presenta un aspecto que recuerda algo a Oliver Reed en sus últimas apariciones en cine. Otro que recuerda a alguien es el joven Taron Egerton, cuya caracterización y el tipo de personaje que encarna es clavado a Leonardo Di Caprio hace 20 años.

Visualmente portentosa y globalmente muy conseguida en ese remix de todo el cine de espías conocido hasta la fecha. Lo único que la debilita es querer mezclar la elegancia con la chabacanería, que es como pretender unir el agua y el aceite y que la mezcla sea homogénea, es decir, que no puede ser. Esa dispersión de tono evita que la cinta sea redonda. No obstante el poderío visual, la envergadura de la producción y el sólido reparto hacen que se sostenga como una película de acción muy consistente, entretenida y divertida.

domingo, 8 de marzo de 2015

Irlanda, tierra hostil

Un sacerdote católico en una localidad rural de Irlanda recibe en el confesionario a un individuo que amenaza con matarle al domingo siguiente. Así comienza Calvary, segundo largometraje escrito y dirigido por John Michael McDonagh tras El irlandés.

El director y guionista muestra sin concesiones el lado más oscuro de la sociedad de un pequeño pueblo irlandés, en apariencia pacífico e idílico, que en realidad está plagado de almas desgarradas, mediocridad, traumas, violencia psicológica, envidias y libertinaje. Una emponzoñada atmósfera social que contrasta con la belleza natural de sus agrestes paisajes dominados por una espectacular playa ideal para surfistas y las verdes montañas bajo el cielo gris.

En medio de este caótico panorama el cura protagonista pulula por las calles del pueblo durante una semana enfrentándose no sólo a los prejuicios de los demás contra él sino también a sus propios fantasmas, a su pasado, sabiendo que uno de sus feligreses quiere acabar con él. Una especie de Solo ante el peligro donde la estrella de latón se sustituye por una sotana, la cobardía por anticlericalismo, y un pueblo americano del siglo XIX por otro irlandés del siglo XXI.

Protagoniza Brendan Gleeson con una soberbia interpretación que carga con todo el peso de la historia. La realización es espléndida, con unos encuadres que retratan la sobriedad de la vida del protagonista o la volatilidad y fragilidad de otros personajes. También destaca el uso que hace de los primeros planos, así como el tono afable que adopta, de manera que el film en sí no resulta desagradable a la vista a pesar de lo sórdidos que resultan la mayoría de los personajes. McDonagh acierta en un difícil equilibrio de tono para que la película resulte agradable de ver sin ocultar la oscuridad que nos quiere mostrar. Del mismo modo el montaje goza de un ritmo idóneo para el relato, ni muy lento ni muy acelerado. Se mantiene el interés en todo momento.

Por tanto nos encontramos ante un thriller mezclado con retrato de sociedad rural, y aderezado con algunas pinceladas de humor negro que oxigenan el ambiente de vez en cuando. Una película que pone sobre el tapete temas controvertidos como la pederastia, el suicidio, la corrupción financiera o los malos tratos, y da mucho juego para entablar un debate sobre la naturaleza humana, la trascendencia y el sentido de la Fe. Este elevado contenido se ve amparado por un tratamiento cinematográfico sólido basado en contundentes interpretaciones, especialmente la de Brendan Gleeson, y un hábil uso de planos y encuadres por parte de su director

domingo, 1 de marzo de 2015

Vacaciones... ¿ideales?

Gracias a Sensacine por el preestreno de Fuerza mayor.

Un matrimonio con dos hijos pequeños van a pasar las vacaciones a una estación de esquí. Sus inesperadas reacciones ante un imprevisto provocará un serio conflicto en el seno familiar.

Este es el tema de Fuerza mayor, una coproducción europea entre Suecia, Francia y Noruega, del director sueco Ruben Östlund. Desde un punto de vista antropológico la película es sumamente interesante. Plantea de un modo sencillo y directo la fragilidad del alma humana poco cultivada en la sociedad actual. En un mundo en el imperan el materialismo y el hedonismo como forma de vida, en que nos venden la comodidad y el confort como algo natural sin que requiera un esfuerzo conseguir las cosas, en que las relaciones humanas son cada vez más frías y menos humanas, en un mundo así hay gente que prefiere no pensar, no plantearse que la vida no puede ser tan simple ni tan fácil como muestran los anuncios de la tele, y optan por vivir creyendo en ese mundo ideal y supuestamente controlado. Esas personas el día que se tienen que enfrentar a una situación que se les escapa de las manos, cuando un día la naturaleza les demuestra que el control en realidad es un espejismo, se bloquean, reciben una lección de humildad, se dan cuenta de su propia mediocridad y eso es muy difícil de asumir y menos aun de reconocer ante los demás.

Desde el punto de vista cinematográfico el film goza de unas interpretaciones sensacionales de todos sus actores, destacando especialmente Kristofer Hivju, actor noruego visto en la serie Juego de Tronos, que en esta película tiene una gran presencia en pantalla y es capaz de transmitir muchísimo con tan solo el gesto y la mirada. Las localizaciones son fantásticas, tanto los interiores como los exteriores. La puesta en escena es muy sobria pero adecuada para la historia. Es escasa en elementos de atrezzo pero muy efectiva en sus encuadres, realizados en planos fijos que recogen mucha información del espacio en el que se desarrolla la escena y contribuyen a transmitir esa sensación de estancamiento psicológico en que se encuentran los personajes.

El único lastre que tiene la película para ser redonda es que peca de exceso de metraje, ya que en muchas ocasiones estos planos fijos tienen una duración excesiva en pantalla. A veces es necesario alargar de más un plano para crear cierto efecto dramático o para subrayar la importancia de algo que se está mostrando, pero durante toda cinta hay demasiados planos que se alargan hasta la extenuación de un modo totalmente gratuito e innecesario, sin que conduzcan a ninguna parte.

En definitiva puedo concluir que se trata de una muy buena película a la que le sobran varios minutos de metraje para ser redonda. Tiene momentos dramáticos y cómicos. El humor, por cierto, aporta momentos muy graciosos y está muy bien integrado para oxigenar de vez en cuando la sensación de frialdad, duda y bloqueo que sufren los personajes.