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Sin riesgo no hay gloria, una reflexión sobre Star Wars

Llega mayo y se cumplen cuarenta años del estreno de La guerra de las galaxias ( Star Wars ), sin duda un punto de inflexión en la historia ...

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domingo, 26 de octubre de 2008

Actores fetiche


La empatía creada entre actor y director ha dado lugar a grandes colaboraciones en la historia del cine. Muchos grandes directores han trabajado con un mismo actor de protagonista en diversas ocasiones. Hace poco hablaba de George Clooney, el cual ha trabajado con Steven Soderberg varias veces, concretamente en seis películas: Un romance muy peligroso (Out of sight, 1998), Ocean's Eleven (2001), Solaris (2002), Ocean's Twelve (2004), El buen alemán (The good german, 2006) y Ocean's Thirteen (2007). También hay que reconocer que el haber hecho una saga hace que aumente considerablemente el número de colaboraciones, como ocurre con Steven Spielberg, que ha dirigido cuatro veces a Harrison Ford, pero siempre con el mismo personaje en las cuatro entregas de Indiana Jones. Por otra parte los actores que más han trabajado con él en diferentes papeles han sido Richard Dreyfuss y Tom Hanks con tres películas cada uno a las órdenes del Rey Midas de Hollywood, a saber Tiburón (Jaws, 1975), Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977) y Always (1989) con Dreyfuss y Salvar al soldado Ryan (Saving private Ryan, 1998), Atrápame si puedes (Catch me if you can, 2002) y La terminal (The terminal, 2004) con Hanks.

Pero el que se lleva el gato al agua en esto de contar siempre con un mismo actor es Martin Scorsese, que ha contado con Robert de Niro como protagonista en ocho películas: Malas calles (Mean streets, 1973), Taxi Driver (1976), New York, New York (1977), Toro Salvaje (Raging Bull, 1980), El rey de la comedia (The king of comedy, 1982), Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990), El cabo del miedo (Cape fear, 1991) y Casino (1995). En sus últimas películas Scorsese se ha decantado por Leonardo di Caprio como protagonista de sus historias y hasta ahora han trabajado juntos en Gangs of New York (2002), El aviador (The aviator, 2004) e Infiltrados (The departed, 2006), esta última con la que consiguió finalmente el Oscar a Mejor Director.

Dentro de los tándem actor/director entre los clásicos cabe citar a Billy Wilder con Jack Lemon, que trabajaron juntos en siete películas: Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959), El apartamento (The apartment, 1960), Irma la Dulce (Irma la Douce, 1963), En bandeja de plata (The fortunate cookie, 1966), ¿Qué pasó entre mi padre y tu madre? (Avanti!, 1972), Primera plana (The front page, 1974) y Aquí un amigo (Buddy buddy, 1981).

domingo, 19 de octubre de 2008

En busca de la identidad


El pasado mes de junio se estrenó Ella es el partido (Leatherheads, George Clooney 2008), una comedia romántica rodada al estilo de las comedias clásicas de los años 30 y 40, en la línea de Frank Capra o Howard Hawks. Concretamente la presentación del personaje de Reneé Zellweger es tal cual la de Rosalind Russell en Luna nueva (His girl friday, Howard Hawks 1940), en la que una periodista entra en la redacción en la que ella es la única mujer y sabe seguir el juego de los chascarrillos masculinos con sus colegas de trabajo.

Ella es el partido cuenta la historia de un jugador veterano (Clooney) de la liga profesional de fútbol americano en los años 20, que decide fichar a una estrella del fútbol universitario para reflotar el equipo que se ha quedado sin finaciación. Por otra parte una periodista (Zellweger) trata de profundizar en la verdad sobre la joven estrella que, además de ser buen jugador, se ha convertido en un héroe de guerra tras su participación en la I Guerra Mundial.

La película tiene diálogos muy ágiles y la recreación de la época en que se desarrolla es muy minuciosa. También atiende muy bien a los detalles de trasfondo sobre la sociedad del momento, como la Ley Seca o los cambios que se producían en la Liga de Fútbol Profesional con la inclusión de reglas que hasta entonces no existían.

George Clooney busca su identidad como director. Ha dirigido tres largometrajes que conceptualmente se parecen bastante entre sí, ya que tienen en común el interés del director por la revisión socio-política de Estados Unidos en épocas pasadas, pero todos muy diferentes entre sí en cuanto al tratamiento cinematográfico se refiere . En su ópera prima Confesiones de una mente peligrosa (Confessions of a dangerous mind, 2002) denota una clara influencia de Steven Soderberg, con quien ha trabajado en varias ocasiones, especialmente en lo que se refiere a la estética de la película; la fotografía y la puesta en escena. Se trata de una comedia negra ácida sobre la biografía de un showman metido a espía para la CIA. Con Buenas noches y buena suerte (Good night and good luck, 2005) cambia de registro metiéndose en el cine político basado en hechos reales, y apostando por una fotografía en blanco y negro que dé mayor realismo, o incluso un cierto aire a documental. En su tercera incursión como director vuelve a dar otro cambio de rumbo con esta comedia de corte clásico. De las tres quizá la menos agraciada fuese la primera, pero está claro que no todo el mundo puede tener un Ciudadano Kane como ópera prima.

lunes, 13 de octubre de 2008

La relatividad del tiempo


En 1905 Albert Einstein publicó su Teoría de la Relatividad Especial. En ella se introdujo el concepto de la curva espacio-tiempo, de manera que el tiempo y el espacio no se podían considerar como dos magnitudes por separado, sino que están relacionadas entre sí. De esta manera se introduce el concepto de que el tiempo es relativo. Si el espacio viene definido por tres dimensiones, el espacio-tiempo tendría cuatro dimensiones, siendo el tiempo la cuarta dimensión, y este concepto es el que ha alimentado uno de los motores más importantes de la ciencia ficción en el siglo XX, tanto en cine como en literatura: los viajes en el tiempo.

Conceptualmente se pueden plantear dos premisas: una según la cual nada está escrito y cualquier alteración en el pasado repercute en nuestro presente y en el futuro. La otra premisa dice lo contrario, que hagamos lo que hagamos no podemos cambiar el futuro.

Sobre la primera premisa cabe destacar la trilogía Regreso al futuro (Back to the future, Robert Zemeckis 1985, 1989 y 1990). Indaga en como los cambios en el pasado influyen en el futuro a través de una historia familiar, en la que un adolescente de los 80 viaja a los 50 interfiriendo en el momento en que sus padres se enamoraron, y claro, si no hace que se junten él desaparecerá de la existencia. En la segunda parte vemos como con información del futuro se pueden cambiar los acontecimientos dando lugar a una realidad alternativa. Una respuesta a la típica pregunta de "¿y si en aquella ocasión hubiera hecho esto en vez de esto otro?". Y finalmente la tercera parte es un viaje al legendario oeste donde el protagonista conoce a sus antepasados.

Para la segunda premisa hay otra saga interesante como es Terminator (James Cameron, 1984), en la que una sociedad futura controlada por las máquinas envía al pasado a un cyborg (Arnold Schwarzenegger) para matar a la madre del futuro líder de la resistencia de los humanos en guerra contra las máquinas para evitar que éste nazca, pero también la resistencia envía a un protector. En Terminator 2. El juicio final (Terminator 2: Judgment Day, James Cameron 1991) es al propio John Connor, líder de la resistencia, a quien pretenden eliminar enviando a un nuevo ejecutor, muy sofisticado, y un nuevo protector, Schwarzenegger haciendo de bueno esta vez. Hay una tercera parte sobre el momento en que las máquinas toman el control, Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Terminator 3: Rise of the machines, Jonathan Mostow 2003) que tendrá su continuación en 2009 con Terminator Salvation, en la que Christian Bale dará vida a John Connnor.

La premisa de que se haga lo que se haga el futuro está escrito y no podemos cambiarlo también es explorada en la muy interesante Doce monos (Twelve Monkeys, Terry Gilliam 1995), remake del cortometraje La jeteé (Chris Marker, 1962), en la que un grupo de científicos en el futuro envía a Bruce Willis a nuestros días para investigar las causas de la epidemia que ha devastado a la humanidad. El propio Gillian había dirigido anteriormente Los héroes del tiempo (Time bandits, 1981), en la que un niño recibe la visita de unos duendes que se dedican a robar tesoros de distintas épocas valiéndose de un mapa que marca los agujeros que hay en el tiempo. Esto nos lleva a otro enfoque de las películas sobre viajes en el tiempo. Hasta ahora he expuesto películas que explotan la idea de un viaje temporal gracias a la tecnología, pero también se ha explotado la idea de las aperturas accidentales o naturales de agujeros en el tiempo. Además de Los héroes del tiempo, también cabe citar Biggles (John Hough, 1986) en la que un publicista de los 80 y un piloto de biplano en la I Guerra Mundial, son almas gemelas y cuando uno de los dos está en peligro el otro se traslada espontáneamente en el tiempo para ayudarlo. Evidentemente el piloto es el que más ayuda necesita por lo que el publicista se ve cuando menos se lo espera en el campo de batalla de la Gran Guerra. Otro ejemplo, y cambiando de género, es Kate & Leopold (James Mangold, 2001), una comedia romántica en la que un agujero en el tiempo hace que una mujer moderna del siglo XXI conozca a un elegante aristócrata del siglo XIX. Protagonizan Meg Ryan, Hugh Jackman y Liev Schreiber.

En definitiva el cine permite plasmar todas las hipótesis sobre qué pasaría si pudiéramos viajar en el tiempo, ya sea voluntariamente, por accidente, para cambiar las cosas, o para no cambiar nada. Todo es posible siempre y cuando esté planteado con solidez y coherencia.

lunes, 6 de octubre de 2008

Hace 200 años


Tras un año lleno de exposiciones y diversos actos culturales en conmemoración del Bicentenario del 2 de Mayo, llega a la cartelera Sangre de Mayo (José Luis Garci, 2008). La película está inspirada en los Episodios nacionales de Benito pérez Galdós, y nos muestra, a través de la historia de amor entre dos jóvenes que luchan por estar juntos, la vida en Madrid en los albores del levantamiento del pueblo español contra los invasores franceses. Un retrato de la época en todos sus círculos sociales: las conspiraciones palaciegas en El Escorial, el motín de Aranjuez, las conversaciones de taberna en el Madrid más castizo, etc.

Como ya es habitual en Garci, los escenarios y la fotografía son de una pulcritud y elegancia que rozan la perfección. Fotografiada en tonos cálidos, Sangre de Mayo es un fresco histórico muy agradable de ver, con un profundo respeto hacia el público por parte de su director, lo cual hace de ella un película testimonial sobre la celebración del Bicentenario apta para ser disfrutada por todo tipo de público.

Garci se enfrenta por primera vez al reto de dirigir secuencias de acción con tintes épicos, y la verdad es que sale bien parado de la aventura. La combinación de la imagen ralentizada y el uso adecuado de la música consiguen una secuencia muy lograda para alcanzar el clímax de la película. Sin embargo toda la narrativa hasta el momento cumbre es más propia de una película más bien intimista, de corte clásico, sobre los conflictos de sus personajes, en la línea habitual del cine de su autor. La veteranía es un grado y a Garci se le nota que domina el medio, que conoce los elementos y los sabe utilizar.

Entre los actores encontramos a los actores de reparto habituales de Garci, como Carlos Larrañaga, Enrique Villén, Jorge Roelas o Miguel Rellán, y en el papel femenino protagonista repite Paula Echevarría, que había protagonizado también Luz de domingo. El protagonista masculino corresponde a Quim Gutiérrez que trabaja a las órdenes de Garci por primera vez y no lo hace mal. No compone un personaje inolvidable pero hace una interpretación muy correcta. Entre los personajes secundarios destacaría como actor a Carlos Larrañaga, que interpreta a un veterano y cínico cómico de teatro, y como actriz a Lucía Jiménez, en el rol de una mujer castiza con mucha garra.

En definitiva una película muy notable, de factura impecable y con un reparto excelente que recrea el Madrid de 1808 con una verosimilitud aplastante y ofrece al espectador una visión de la sangrienta tragedia sin detalles escabrosos ni morbosos. Muestra los hechos sin herir sensibilidades para que todo el mundo pueda disfrutar de la conmemoración del Bicentenario en el cine.