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lunes, 29 de septiembre de 2008

¡Esto es la guerra!


Una estrella de acción en decadencia, un actor del método ganador de cinco Oscars, y un cómico en permanente estado de alucinación, son fichados para rodar en la jungla una epopeya bélica de gran presupuesto sobre Vietnam, dirigidos por un director novato que no es capaz de controlar a tanto divo junto.

Así arranca Tropic Thunder (Ben Stiller, 2008), una comedia disparatada con alto presupuesto en efectos especiales que ridiculiza toda la frivolidad de las estrellas de Hollywood y la prepotencia amoral de los grandes productores, además de parodiar el cine bélico sobre Vietnam y el cine de acción en general.

Protagoniza el propio Stiller secundado por Robert Downey Jr. y Jack Black. Aunque los tres están geniales en sus respectivos papeles, acaba destacando Downey, que este año, tras Iron Man, parece que está en racha. En papeles secundarios encontramos a un correcto Mathew McConaughey y unos sensacionales Nick Nolte y Tom Cruise, este último como productor gordo, calvo y desagradable.

Abundan los diálogos cómicos con exceso de tacos, el humor negro, humor escatológico, humor absurdo, humor gamberro,...gags para todos los gustos. El único tipo de humor que no hay es el refinado humor británico.

De lo que no hay duda es que en Hollywood saben reírse de sí mismos. Como antecedentes tenemos por ejemplo Como conquistar Hollywood (Get shorty, Barry Sonnenfeld 1995) en la que un matón de la mafia de Miami (John Travolta) debe ir a cobrar unas deudas a un productor de Hollywood (Gene Hackman) y le acaba cogiendo gusto al mundillo del cine. Otra comedia no satírica pero sí ridiculizante es In & out (Frank Oz, 1997) en la que la apacible vida de un profesor de pueblo (Kevin Kline) se ve alterada cuando un antiguo alumno suyo gana un Oscar por interpretar a un soldado gay y se lo dedica a su profesor, en una delirante gala de los Oscar.

En definitiva Tropic Thunder es una nueva película de las que retratan la industria del cine por dentro, en este caso en clave de comedia satírica, y quizá sea la mejor película de Ben Stiller hasta la fecha en su triple faceta de guionista/director/actor.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Una reflexión sobre el cine español


El cine español no va bien y eso es un hecho irrefutable. Lo confirman las cifras de taquilla, la opinión del público y algunos sectores de la crítica. Se han dado muchas opiniones sobre la posible raiz del problema, como la escasa distribución, el exceso de producción norteamericana en las carteleras, la falta de inversión de las televisiones en el cine, tanto para coproducir como para emitir, e incluso se ha atacado a la industria del doblaje, pero el problema persiste.

Lógicamente los exhibidores, distribuidores y canales de televisión son empresas privadas y como tales deben invertir su capital en algo que les reporte beneficios porque de lo contrario acaban quebrando. Deben invertir en algo vendible, y si no invierten más en películas españolas por encima de películas de Hollywood es porque han comprobado que no obtienen los mismos beneficios. Al público tampoco se le puede obligar a ver algo que no quiere, hay que ofrecerle algo que le interese.

Sin embargo me consta que hay gente a la que le gusta el cine que actualmente se hace en España. Las películas que se hacen en este país tienen su público fiel. ¿Cuál es el problema entonces? Desde mi punto de vista la raiz del problema es la falta de variedad en los contenidos.

La sociedad española es muy diversa, y la gente tiene distintos gustos. El problema en el cine español es que casi todas las películas que se producen van destinadas a un mismo tipo de público. Cuentan el mismo tipo de historias, con los mismos tipos de personajes y desde un punto de vista muy parecido. Eso gusta a quienes se identifican con esas historias, esos personajes o ese punto de vista del director, pero está claro que no gusta a todo el mundo lo mismo.

La solución, por tanto, está en diversificar los contenidos, hacer películas para todos los gustos. Si se producen, por ejemplo, 100 películas al año y todas van enfocadas al mismo público es obvio que no todos van a ver las 100, verán un par de ellas, pero si en vez de 100 cortadas por el mismo patrón se hicieran 20 para contentar a unos, otras 20 para contentar a otros, otras 20 para otros y así sucesivamente, habría más películas españolas con beneficios en taquilla.

El cine americano estrena muchas películas y no todo el mundo las ve todas, pero todo el mundo va a ver una película americana porque siempre hay alguna para cada gusto, para quienes disfrutan de los blockbuster, del cine independiente, de historias trascendentales, de historias intrascendentes, etc. Sin embargo las películas españolas al estar todas enfocadas para un mismo gusto, sólo aquellas personas a las que les guste irán a ver alguna película de las que se estrenan y las demás se quedan sin público.

Mucha gente sale de marcha por las noches pero no todo el mundo va a los mismos sitios. Hay diferentes bares o locales con distintos ambientes para agradar a todos los gustos, de manera que cada uno se va a tomar la copa al sitio que más le guste o en el que se sienta más cómodo. Si en el cine hubiera películas españolas para todos los gustos todo el mundo iría a ver una película española, cada uno la que más le guste. Pero claro, si todas son iguales, los que les guste irán a una o dos y los demás van a ver una extranjera o simplemente no van al cine. Si sólo se produjera una película española al año se entendería que no todo el mundo fuese a verla, pero produciéndose cien creo que es factible generar una oferta cinematográfica que atraiga más público a las salas.

El cine es un arte, el séptimo concretamente, pero para hacer una película se requieren medios técnicos industriales muy costosos. Por tanto una película es un producto industrial, de contenido artístico, pero un producto industrial al fin y al cabo y como tal debe ser gestionado. Cuando un producto tiene mucho coste y no genera beneficios está condenado a desaparecer. Por ello es importante gestionarlo bien y cualquier producto sobrevive siempre y cuando tenga consumidores, pero a éstos hay que darles lo que necesitan para ganarse su confianza.

domingo, 14 de septiembre de 2008

De Dinamarca a USA


Tras el potente drama Después de la boda, la directora danesa Susanne Bier debuta en Hollywood de la mano de Dreamworks con el drama Cosas que perdimos en el fuego (Things we lost in the fire, 2007). Aunque se presentó en el Festival de San Sebastián el año pasado no se estrenó en las salas comerciales españolas hasta abril de este año.

La historia es la de una mujer con dos niños que se queda viuda y acoge en su casa al mejor amigo de su marido, un drogadicto en proceso de desintoxicación al que ella siempre había dado la espalda. Se teje así una maraña de emociones contenidas que incluyen sentimiento de culpa, búsqueda de redención, superación de la tragedia de perder a un ser querido en una situación violenta, sentimientos confusos, toda una montaña rusa emocional que gira en torno a una muerte repentina.

Halle Berry está muy correcta, hace una interpretación que no se puede reprochar pero tampoco es para elevar a los altares. Benicio del Toro en cambio llena la pantalla, hace un papel sensacional, demostrando una vez más que es un actor como la copa de un pino.

La película globalmente es poderosa pero tiene las emociones muy contenidas, quizá demasiado, lo que hace que pueda resultar algo fría, especialmente si se compara con Después de la boda, ya que es inmediatamente anterior y tienen un tono muy parecido, por lo que la comparación resulta casi inevitable. Quizá ese punto de frialdad pueda venir por una cierta dispersión de estilo, ya que se trata de una película propia del cine independiente americano apadrinada por un gran estudio y rodada al estilo post-dogma europeo. Una mezcla conceptual interesante pero complicada.

No obstante podemos concluir que Susanne Bier ha tenido un desembarco en la meca del cine bastante digno y la película es sin dudas un drama muy humano, muy poderoso y resuelto con eficacia.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Puro western


Con un año de retraso, por problemas de distribución, se estrenó la semana pasada en España El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, James Mangold 2007). Cuenta la historia de una granjero que, agobiado por las deudas, se ofrece para acompañar a la patrulla que debe llevar a un pistolero al tren que lo trasladará a la prisión de Yuma.

Un sólido western bien planteado por el director de la interesante Cop Land (1997), y con un buen tour de force interpretativo entre Christian Bale y Russell Crowe. Los personajes son muy interesantes: Bale encarna a un honrado granjero cojo que no sólo debe luchar por pagar sus deudas económicas sino que además debe demostrar a su hijo mayor que su padre es un héroe, un hombre de verdad, ya que el adolescente ve a su progenitor como un pobre diablo. Por otra parte Crowe interpreta a un frío y rápido pistolero que encabeza una banda de forajidos y que, tal como reconoce el propio personaje, está "podrido por dentro", pero aun le queda algún resquicio de humanidad como para saber respetar a la gente con principios como el granjero.

Una historia de coraje y búsqueda de la dignidad perdida en un ambiente western muy conseguido. No pretende homenajear, ni recuperar a un género poco frecuente en las carteleras; es un western hecho en serio y sin complejos, como si rodar películas del oeste fuese lo más habitual. Tiene todos los ingredientes del salvaje oeste: tiroteos, persecuciones a caballo, ganaderos, pistoleros, sheriff y ayudantes, paisajes espectaculares, etc. En cuanto al ritmo narrativo se puede dividir en tres partes: tiene un comienzo trepidante que atrapa al espectador, luego se desinfla un poco, y en el tercio final remonta el vuelo para culminar con un clímax propio de una buena película, que es con la sensación que uno sale del cine.

Cabe destacar también la estupenda música de Marco Beltrami, muy adecuada. La película es un remake del film homónimo de 1957 dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Glen Ford y Van Heflin.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Un turista en Alcalá


Hace unos meses fui a Alcalá de Henares en plan turista con mi cámara de vídeo, y esas imágenes han dado pie a la nueva producción de Galax Pictures; ya está disponible en la web La cuna de un genio.

Las imágenes están acompañadas por música barroca, y pensé en un principio en algo de la misma época en que se publicó El Quijote, que es de inicios del Barroco. Sin embargo estamos hablando de la obra cumbre de la literatura española, así que me parece más adecuado que la música sea parte de la obra cumbre del periodo, por lo que escogí algunas piezas de Johann Sebastian Bach, que más tardío que El Quijote pero está considerado como lo máximo en música barroca.

El corto dura casi cuatro minutos y se trata de dar simplemente unas pinceladas de la importancia histórica y cultural que tiene la ciudad de Alacalá de Henares.

Espero que lo disfruten.

martes, 2 de septiembre de 2008

Imaginación al poder


Vuelve el diablo diablo ignífugo que lucha contra las fuerzas del mal. Hellboy II: El ejército dorado (Hellboy II: The Golden Army, Guillermo del Toro 2008) trata precisamente de lo que dice el título, hay un ejército exterminador dormido desde hace siglos al que el malo de turno pretende despertar para destruir a la humanidad, y Hellboy debe evitarlo.

Película de entretenimiento puro y duro, con mucha acción y humor. El universo fantástico recreado por su director goza del presupuesto adecuado para que luzca en todo su esplendor. Son especialmente destacables la secuencia del mercado Troll, en cuanto a diseño de producción se refiere, y la escena de la borrachera entre Hellboy y su amigo Abe, ambos pasando por problemas sentimentales, en lo que se refiere a tratamiento de personajes.

La película mantiene la potencia visual de la primera parte pero servida con más medios técnicos. Sin embargo su precedente gozaba de una mayor evolución de los personajes por narrar el origen de los mismos, mientras que en esta secuela se cuenta simplemente una aventura más del agente paranormal y su equipo. De lo que no cabe duda es que el director hace alarde de una imaginación desbordante en cuanto a lo que puesta en escena y diseño de producción se refiere.

Es una película entretenida y muy bien hecha, pero que no va más allá de lo evidente. Así como otros títulos recientes, como Iron Man o El Caballero Oscuro, tenían algo en la historia o en el personaje que las hacía atractivas para cualquier tipo de público, debo admitir que Hellboy II, no se hace tan recomendable para cualquiera sino más bien para fans del personaje, de los comics en general o de la imaginería visual de Guillermo del Toro.