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jueves, 10 de julio de 2008

Un cineasta llamado Destino

Dice el refrán que "el hombre propone y Dios dispone". No sé si será intervención divina, casualidad, azar o será simplemente el destino, pero lo que es un hecho es que más allá de las decisiones de directores, guionistas y productores, hay grandes momentos del cine que surgieron de las circunstancias en contra de las directrices marcadas por los distintos responsables de los proyectos cinematográficos.
Por ejemplo, la carrera de Harrison Ford. El propio Ford ha asegurado en varias ocasiones que de joven sólo iba al cine para ligar con alguna chica. Más tarde le atrajo lo de actuar por la variedad de trabajo, viajar, etc. Trabajaba de carpintero en los estudios de George Lucas el cual le dio un papel en American Graffiti (1973). En el verano de 1975 George Lucas realizaba el casting para Star Wars (1977) y Ford estaba dando réplica a los actores que acudían a las pruebas. Para el papel de Han Solo no encontraban a nadie adecuado y lo acabó haciendo Ford, a pesar de que Lucas no quería contar con él por haber trabajado ya juntos en American Graffiti, y buscaba caras nuevas. Más tarde pasó algo parecido con En busca del Arca perdida (Raiders of the lost Ark, 1981) en la que en principio Tom Selleck iba a hacer el papel de Indiana Jones, pero su contrato con la serie de televisión Magnum se lo impidió, así que Spielberg le sugirió a Lucas contar de nuevo con Harrison. También una de las secuencias más recordadas de En busca del Arca perdida es fruto del destino: aquella en la que un indivíduo enorme con una espada es abatido con un disparo seco de revólver por Indiana. La escena en principio debía ser una coreografía con el látigo y la espada pero Ford no se encontraba bien ese día y le pidió a Spielberg que si podían terminar pronto, así que Steven le dijo que simplemente le disparase y ya está.
Otra escena mítica es la bofetada que le propina Glen Ford a Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946), la reacción de Rita caló hondo pero no por una indicación del director o un momento de inspiración de la actriz, sino porque la bofetada fue de verdad y la reacción de Hayworth totalmente real.
Y un rodaje caótico, en el que casi cada día se reescribía el guión y no se sabía muy bien como iba a acabar, dio lugar milagrosamente no sólo a la ganadora de los Oscar de aquel año sino a una de las mejores películas de la historia del cine: Casablanca (Michael Curtiz, 1942).
Groucho Marx tuvo que improvisar pintarse un bigote para una actuación y ese mostacho pintado se convirtió en uno de los signos más característicos de su persona durante el resto de su carrera artística.
De la fusión entre el talento de los autores y los caprichos del destino surge la magia del cine.

4 comentarios:

Sesión Golfa dijo...

Gran post hoy. me ha gustado un monton. Saludos.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Ramón:

Sí, tal como dice Sesión Golfa, excelente entrada. Creo que la mejor que he leído en este blog. Muy interesante. De principio a fin.

Y sí, hay actores muy afortunados. Tienen el talento, y, casi sin esfuerzo o directamente sin buscarlas, se les presentan grandes oportunidades para demostrarlo al mundo.

Otros actores, en cambio, también muy talentosos, actores que sienten una gran pasión por su trabajo y se esfuerzan mucho en lograr grandes actuaciones... nunca pasan de papeles secundarios. O tienen muy pocas chances de alcanzar un papel estelar.

Vincent D'Onofrio, por ejemplo. Para mi gusto, un gran actor. Muy bueno en lo suyo. Recuerdo cuando representó a Orson Welles en Ed Wood, la película de Tim Burton. Estaba perfecto. Y ahora lo recuerdo en una película, del cine independiente, en la que hacía de taxista. ¡Estupendo! También lo recuerdo en La chaqueta metálica de Stanley Kubrick. Tuvo que engordar mucho para la película. Así lo exigía el personaje. Luego Lee Ermey, el actor que hacía de instructor de marines (y que había sido instructor de marines en la vida real) tuvo un accidente, se rompió varias costillas, y tuvieron que suspender la filmación por varias semanas. Vincent D'Onofrio tuvo que seguir comiendo en exceso, para mantener su gordura, durante varias semanas de ocio. Es uno de esos actores, muy talentosos, que nunca llegan a ser estrellas. Una pena.

¡Saludos!

Carlos Alberto Arellano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ramón Ramos dijo...

Sesión golfa
celebro que te haya gustado.

Carlos Alberto
interesante el apunte de Vincent D'onofrio haciendo de Orson Welles, la verdad es esa escena es sensacional. También hace buen papel en la serie de TV "Ley y Orden: Acción Criminal".
Gracias por la recomendación de Google imágenes.

Saludos,